Hay que recordar lo que fuimos para saber lo que somos

Por desgracia la Historia de nuestro país poco importa a los políticos de turno. Si permitimos esto, terminaremos sin saber qué fue España y dejaremos que el devenir de los sucesos actuales borre nuestra memoria.

lunes, 5 de julio de 2010

La Contraarmada o Armada Inglesa



La Armada Inglesa (también conocida como la Contraarmada) fue una flota naval enviada a la Península Ibérica por la reina Isabel I de Inglaterra en 1589, durante la Guerra anglo-española de 1585-1604. Los anglosajones se refieren a ella como English Armada, Counter Armada o Drake-Norris Expedition. El objetivo de la armada inglesa era aprovechar la ventaja naval obtenida tras la derrota de la Grande y Felicísima Armada española el año anterior (1588), pero constituyó un rotundo fracaso de dimensiones comparables al de dicha Armada Invencible. La expedición era mandada por Sir Francis Drake (almirante) y Sir John Norreys (general), por lo que también se la conoce como la Expedición Drake-Norris de 1589.

El objetivo de Isabel I era aprovechar la debilidad temporal de España después de la derrota de la Armada Invencible, y obligar a Felipe II a aceptar sus términos de paz. Esto se pensaba conseguir quemando la flota española del Atlántico, desembarcando en Lisboa para causar una revuelta portuguesa contra Felipe II, y finalmente estableciendo una base permanente en las Islas Azores. De conseguirse el tercer objetivo, se intentaría robar los tesoros de la Flota de Indias en su ruta a Cádiz. Ninguno de los tres objetivos se consiguió.

Al igual que su predecesora española, la Armada Inglesa sufrió de exceso de optimismo, posiblemente influenciado por el exitoso ataque a Cádiz de Drake en 1587. Aun así, el plan principal consistía en destruir la flota española del Atlántico, en sus bases de La Coruña, San Sebastián y Santander.

La expedición fue pagada por una compañía con acciones, cuyo capital era de 80.000 libras. Del capital, un cuarto lo pagó la reina, un octavo el gobierno holandés y el resto varios nobles, mercaderes y gremios. Diversas preocupaciones logísticas, unidas al mal tiempo, retrasaron la salida de la flota. Otros problemas incluyen que los holandeses no proporcionaron los barcos de guerra que habían prometido, que el retraso causó que se consumiera un tercio de las provisiones, que sólo había 1.800 soldados veteranos frente a 19.000 voluntarios, y que no llevaban armas para sitiar ni caballería. Esto plantea dudas sobre las verdaderas intenciones de la gente a cargo de la expedición.

Al salir, la flota consistía en 6 galeones reales, 60 buques mercantes ingleses, 60 barcos pequeños holandeses y unas 20 pinazas. En total 170 naves, mucho mayor que la de la Armada invencible, compuesta por 137 barcos. Además de las tropas de tierra, embarcaron 4.000 marineros y 1.500 oficiales. El número total entre marineros y soldados llegó a los 23.000 tripulantes. Drake dividió sus barcos en 5 escuadrones, mandados respectivamente por él (en el Revenge), Norreys (Nonpareil), el hermano de Norreys, Edward (Foresight), Thomas Fenner (Dreadnought) y Roger Williams (Swiftsure). Junto con ellos, y en contra de las órdenes de la reina, navegaba el conde de Essex, Robert Devereux.

La mayoría de los barcos perdidos por España con la Armada Invencible eran barcos mercantes, y el núcleo de la armada (los galeones españoles) habían sido capaces de llegar a España sin demasiadas pérdidas, donde fueron reparados. El retraso en la salida, unido al temor de embarrancar en el Cantábrico, hizo que Drake prefiriera no atacar Santander, donde se llevaban a cabo la mayoría de las reparaciones. En su lugar, atacó La Coruña. Norreys tomó la ciudadela baja, matando a 500 españoles, y Drake destruyó algunos barcos menores, pero fueron finalmente rechazados. En la lucha se destacó María Pita.

El siguiente paso era fomentar el levantamiento portugués. La aristocracia portuguesa había aceptado a Felipe II como rey de Portugal en 1580. El pretendiente, el Prior de Crato, no habiendo sido capaz de establecer un gobierno en el exilio, pidió ayuda a Inglaterra. Isabel aceptó ayudarle, con el objetivo de disminuir el poder de España en Europa y de abrir las rutas comerciales a las Indias.

El Prior de Crato, heredero final de la Casa de Avis, no era un candidato demasiado bueno: carecía de carisma, su causa estaba comprometida por falta de legitimidad y tenía un oponente mejor visto por las cortes portuguesas, Catalina, Duquesa de Braganza. Norreys llegó a Lisboa, defendida por una guardia poco afecta a Felipe, pero el levantamiento no ocurrió y Lisboa no llegó a ser tomada. Al llegar los ingleses a Lisboa, su situación era dramática porque carecían de medios para forzar su entrada en la capital. Les faltaba pólvora y municiones, no tenían caballos ni cañones y se les habían agotado los alimentos.

El 30 de junio Drake capturó una flota de barcos comerciales hanseáticos, que habían roto el bloqueo inglés rodeando las islas por Escocia. Pero no sirvió para sufragar los gastos de la expedición porque para acallar las protestas de las ciudades de la Hansa, esos navíos tuvieron que ser devueltos con sus mercancías a sus legítimos propietarios.

Essex, el amante de la Reina Virgen", recibió orden de Isabel de volver a la corte. Perdida la ventaja de la sorpresa inicial, con la flota reducida por las tormentas y la tripulación cada vez más cansada y afectada por enfermedades (sólo quedaban 2.000 hombres capaces de luchar), se decidió que el objetivo de formar una base permanente en las Azores no era posible. Norreys volvió a Londres en tanto que Drake trataba en vano de robar los tesoros de la Flota de Indias. Tras otra tormenta, Drake saqueó Puerto Santo en Madeira, y ya de vuelta se detuvo en las rías bajas de Galicia para arrasar la indefensa villa de Vigo, tras lo cual volvió a Londres habiendo fracasado absolutamente en todos los objetivos mayores de la expedición.

La indisciplina dominó hasta el final en la flota de Drake. Al arribar a Plymouth el 10 de julio, la soldadesca se amotinó porque no aceptaban los cinco chelines que como paga se les ofreció. Y tan mal cariz tomó la protesta que para reprimirla ahorcaron a siete amotinados.

La expedición de la "Contraarmada" todavía hoy es considerada como una de los mayores desastres de la historia naval de la Gran Bretaña, sólo superado por la derrota sufrida en el sitio de Cartagena de Indias. De los más de 23.000 hombres que la formaron, habrá que descontar los 3.000 que huyeron al salir de Plymouth y los 2.000 que desertaron al zarpar de La Coruña, que hacen un total de 5.000. Pues bien, de los 18.000 que nos quedan, según el historiador británico M. S. Hume, sólo 5.000 regresaron vivos a Inglaterra. Es decir, más del 70 por 100 de los expedicionarios fallecieron en la empresa. Entre la oficialidad, las bajas mortales también fueron muy altas: el contraalmirante William Fenner, ocho coroneles, decenas de capitanes y centenares de nobles voluntarios murieron en aquella empresa. A estas pérdidas hay que añadir la destrucción o captura por los españoles de al menos doce navíos, y otros tantos se hundieron por temporales en el viaje de regreso.

Además de perder la oportunidad de atacar la flota española en horas bajas, los costes de la expedición agotaron el tesoro real de Isabel, recuperado durante su largo reinado. Entre los cañones capturados en La Coruña, los bastimentos y otras mercancías de variada índole confiscadas en Galicia y en Portugal, el total de botín no alcanzaba las 29.000 libras. Teniendo en cuenta que la inversión había superado las 160.000 libras, el negocio no podía ser más ruinoso. La guerra anglo-española fue muy costosa para ambos países, hasta el punto de que España tuvo que declararse en bancarrota en 1596, tras otro ataque a Cádiz.

Francis Drake quedó condenado a un casi total ostracismo tras el fracaso. Murió en 1595 en combates con españoles en el Caribe.

Después de la muerte de Isabel I (1603) y la llegada al trono de Jacobo I (rey de Escocia e hijo de María Estuardo) en 1603, éste hizo todo lo posible por terminar la guerra. La paz llegó en 1604, en el Tratado de Londres a petición inglesa, ya que no podían sostener más los costes de un conflicto que fue muy lesivo para la economía británica.

Tras la paz, España rehizo su flota, que rápidamente incrementó su supremacía marítima hasta extremos superiores a los de antes de la Armada Invencible. Dicha supremacía duró casi 50 años más hasta la Batalla naval de Las Dunas. Inglaterra fue capaz de consolidar su soberanía en Irlanda, además de establecer colonias en América del Norte.

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