Hay que recordar lo que fuimos para saber lo que somos

Por desgracia la Historia de nuestro país poco importa a los políticos de turno. Si permitimos esto, terminaremos sin saber qué fue España y dejaremos que el devenir de los sucesos actuales borre nuestra memoria.

sábado, 4 de junio de 2011

Francisco Ballesteros


Francisco Ballesteros, (Zaragoza, 1770 - París, 29 de junio de 1832) fue un general español.

Luchó contra los franceses en 1793. En 1804 fue destituido de sus cargos por faltas en el servicio, pero Godoy lo rehabilitó haciéndole jefe de aduanas en Asturias.

Tras la invasión francesa de 1808, obtuvo de la Junta de Asturias una División que unió a las Blake y Castaños. Luchó varios años con éxito en el sur de España.Liberó Málaga de las tropas francesas en agosto de 1812. Mandó una división de Infantería en la Batalla de La Albuera ( 16-5-1811). Tras el nombramiento de Wellington como jefe supremo de los ejércitos españoles, se negó a luchar bajo las órdenes de este, por lo que fue enviado a Ceuta.

Llamado de vuelta poco tiempo después, lideró una unidad militar en los montes de Ronda. En 1811 fue nombrado Teniente General y en 1815 Ministro de la Guerra de Fernando VII. Caído en desgracia por culpa de la camarilla clerical de la corte, se le expulsó a Valladolid con la mitad de la paga.


Tras el inicio de la Revolución de 1820, fue llamado de vuelta a Madrid, exhortó al rey a firmar la Constitución de 1812 y se convirtió en vicepresidente de la junta provisional. Hizo méritos cerrando muchas cárceles de la inquisición y devolviendo las libertades municipales.

El 7 de julio de 1822, con la victoria de Ballesteros sobre la guardia real se evitó la caída de la Constitución. Fue nombrado Capitán General de Madrid. En 1823 luchó contra los franceses del Duque de Angulema en Navarra y Aragón, pero tuvo que capitular el 21 de agosto de 1823 en Caporla y entregarse al rey.

El 1 de octubre de 1823 Fernando VII anuló todos las actuaciones del gobierno constitucional y destituyó a todos los funcionarios y oficiales que no habían sido fieles. Ballesteros se retiró a Cádiz, desde dónde huyó en un barco inglés, ya que la amnistía de 1824 le había excluido expresamente. A partir de ese momento se asentó en París, donde murió el 29 de junio de 1832.

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