Hay que recordar lo que fuimos para saber lo que somos

Por desgracia la Historia de nuestro país poco importa a los políticos de turno. Si permitimos esto, terminaremos sin saber qué fue España y dejaremos que el devenir de los sucesos actuales borre nuestra memoria.

viernes, 8 de abril de 2011

La Guerra de Margallo



La "Guerra de Margallo" o Primera Guerra del Rif es una campaña casi desconocida y bastante marginada de las guerras de España en Marruecos, que tuvo lugar entre 1893 y 1894. En este caso la lucha no fue contra el sultanato de Marruecos, como ocurriera 34 años antes en la llamada Guerra de África de 1859 a 1860, sino contra las tribus o cabilas que rodeaban Melilla.
El nombre de Guerra de Margallo viene del apellido del entonces gobernador de Melilla, Juan García y Margallo, quien añadió la gota final en las tensas relaciones entre españoles e indígenas al comenzar la construcción de una fortificación cerca de la tumba de una persona santa para aquellas tribus. De este modo, en poco tiempo un grupo de unos 6.000 guerreros descendieron de las montañas para rodear y sitiar la ciudad de Melilla.
Tras la guerra de 1859 España había aumentado notablemente sus territorios en el norte de Marruecos, incluyendo Ceuta y Melilla, que habían aumentado su terriorio a costa de los circundantes. Esto se aprovechó para intentar aumentar las defensas en ambas ciudades, que se consideraban notablemente vulnerables. Estas obras se vieron incrementadas en presupuesto y velocidad de construcción gracias a que la prensa aireó ciertos incidentes en el norte de África. Entre ellos destaca la captura de seis comerciantes españoles por parte de algún grupo armado en el norte de Marruecos. El equipo de rescate compuesto por el cañonero Isla de Luzón llegó a la conclusión de que los seis habían sido ya vendidos como esclavos. De esta forma los esfuerzos para aumentar las defensas de la ciudad de Melilla se incrementaron, especialmente en Peuta de Cabiza y Punta Dolossos.
Sin embargo, una de estas construcciones fue a llevarse a cabo cerca de la tumba de un santo de las cabilas, Sidi Guariach, colmando los ánimos de los nativos dentro de un ambiente ya tenso de por sí.
La guerra comenzó cuando el 3 de octubre unos 6.000 guerreros, procedentes de 39 cabilas y armados con rifles Remington, descendieron de las montañas y atacaron a los cerca de 400 soldados que guardaban la periferia de la ciudad. Los soldados lucharon durante todo el día sufriendo 20 muertos, mientras la ciudad se aprestaba a la defensa y sus ciudadanos se refugiaban detrás de las murallas. Aunque se organizó una milicia civil para ayudar en la defensa, la gran desproporción en número de atacantes y defensores era tal que finalmente estos últimos se vieron obligados a retirarse.
Debido a la ausencia de armamento pesado los atacantes trataron de tomar la ciudad asaltándola a cuerpo descubierto y escalando las murallas. Pese a la escasez de soldados que tenía la ciudad (400 y la recién formada milicia ciudadana), al contrario que los bereberes, los españoles sí tenían armamento pesado. La artillería, unida a los modernos fusiles Mauser que portaban los infantes españoles, causó en los atacantes cerca de 160 bajas, obligándoles a retirarse. Rechazado ese día el primer ataque, la artillería comenzó a castigar las tribus rebeldes, pero uno de esos disparos acertó en una de las mezquitas con tan mala suerte que logró derruirla. Este incidente convertiría la rebelión en una guerra santa.
En España la reacción no se hizo esperar y se puso en alerta la flota, se movilizó el ejército de Andalucía y se envió el acorazado Numancia y dos cañoneras: el Isla de Cuba y el Conde de Venadito. Además, 3.000 soldados fueron trasladados a los puertos, listos para ser embarcados. Las bajas totales de ese día para los españoles ascenderían a 21 muertos y 100 heridos. Al día siguiente, día 4, el Numancia bombardeó numerosas de las tribus rebeldes. Así mismo, nueva artillería llegó hasta Melilla.
Por su parte la noticia de la mezquita destruida por la artillería se extendería por todo Marruecos, comenzando a llegar gente de todo el país para unirse a la yihad, así para el día 5, las fuerzas marroquíes ya se componían de unos 20.000 hombres desmontados y 5.000 a caballo.
En las semanas siguientes se mantuvo una calma tensa mientras la diplomacia actuaba. El sultán de Marruecos Hassan daba la razón a España en los términos de su derecho a la defensa y su derecho a la construcción de dichas fortificaciones. Sin embargo, la ausencia de firmeza y de ganas a la hora de pacificar a sus propios conciudadanos enfurecía al gobierno español, que se encontraba envuelto en una delicada situación, con su ejército y economía cargando con todo el peso de las operaciones, mientras el sultanato no hacía nada por restablecer la situación. Finalmente el sultán envió un contingente al mando de Baja-el-Arbi para restablecer el orden, pero fueron derrotados, empeorando aún más las relaciones con el sultanato.
Durante todo este tiempo y las semanas siguientes la lucha se centró en los fuertes de Camellos y San Lorenzo, hasta que los rifeños consiguieron destruirlos. De modo que el gobernador, Margallo, envió un nuevo contingente y trabajadores para cavar nuevas trincheras en los fuertes de Cabrerizas y Rostro Gordo, más defendibles al estar al amparo de la artillería de la ciudad.
El 22 de octubre el cañonero Conde de Venadito entró por el río Ouro y disparó 31 salvas a las trincheras de los rifeños y regresó al puerto de Melilla sin ningún daño. El 27, 5.000 bereberes atacaron la colina Sidi Guariach, que, pese al apoyo de los cañones del Venadito y de las baterías de la ciudad, lograron tomar, obligando al gobernador Margallo y al general Ortega a abandonar los fuertes e internarse en la ciudad.
Al día siguiente, día 28, el general Margallo organizó un contraataque destinado a recuperar las fortificaciones de Cabrerizas y Rostro Gordo. Al mando de 2.000 soldados, se enfrentó a los 3.000 rifeños allí atrincherados, a los que pronto se unieron otros 6.000 de refuerzo. Con este nuevo refuezo, estos intentaron flanquear a los españoles. Margallo interpretó este hecho erroneamente, pensando que el centro de los rifeños se dispersaba presa del pánico, de modo que ordenó cargar contar las trincheras rifeñas, siendo rechazado con terribles bajas. En ese momento parece que comenzó a darse cuenta de la realidad de la situación y comenzó a sopesar la retirada, pero minutos más tarde fue abatido de un disparo en la cabeza. Ante esta dramática situación de poco sirvieron las actuaciones del general Ortega en la retaguardía para evitar la desbandada, ya que en poco tiempo las tropas españolas comenzaron a huir en completo desorden hacia la ciudad. Durante esta acción destacó un joven y por entonces desconocido teniente llamado Miguel Primo de Rivera, quien más tarde sería recompensado por sus acciones con la más alta distinción, la Cruz Laureada de San Fernando y la promoción a capitán. Según el informe oficial español las bajas de esta acción fueron 70 muertos, incluyendo al propio gobernador, y 122 heridos; sin embargo, diversas fuentes apuntan a que las bajas reales fueron mucho mayores. Por otra parte, un rumor creció posteriormente sobre esta acción: se dijo que fue el propio Primo de Rivera quien disparó en la cabeza a Margallo, pero ninguna prueba lo sustenta y todo apunta a que fue un rifeño quien lo hizo mientras el general comprobaba la situación.
Las noticias de la derrota convencieron al gobierno de mandar ese mismo día otros 3 regimientos de caballería y cuatro batallones de infantería más de refuerzo. Así el 29 se vuelve a intentar otro ataque, éste bajo el mando del general Ortega, con 3.000 soldados, logrando su objetivo y expulsando a los rifeños de sus trincheras en Cabrerizas. Pese al éxito parcial de esta última acción, no se logra romper el cerco a la ciudad.
Con la llegada de los cruceros Alfonso XII e Isla de Luzón, España comenzó a aplicar sobre las posiciones moras toda su potencial naval, sometiéndolas a un intenso bombardeo sin descanso desde la costa. El bombardeo fue de tal intensidad que el día 6 de noviembre los rifeños enviaron una delegación con una propuesta para comenzar las negociaciones de paz. Cuando los españoles comprobaron que los moros no estaban dispuestos para la rendición se reinició el bombardeo noche tras noche, usando por primera vez en la historia reflectores eléctricos para localizar objetivos.
En España, la hasta ahora aletargada maquinaria militar comenzó a despertar, recibiendo el general Macías, sucesor de Margallo, sufientes tropas para retomar el control de la situación y reconstruir las defensas de Melilla. Así, el 27 de noviembre el general Martínez Campos llegaría a Melilla al mando de más de 7.000 efectivos, suficientes ya para formar 2 cuerpos de ejército. En abril de 1894, Martínez Campos se reunió con el embajador de Marruecos para negociar directamente la paz con el sultán de Marruecos.
Las potencias europeas observaron desde la lejanía pero con mucha atención los acontecimientos que se desarrollaban en Marruecos. Francia, que buscaba un aliado para sus propios planes en la región, animó a España a expandir su territorio por Marruecos. Madrid, sin embargo, poco interesada en crear un imperio en África y cuidadosa para no enfurecer al Imperio británico (que veía la extensión territorial de España por el estrecho de Gibraltar con alarma), sólo solicitó aquellos territorios que el sultán estuviese dispuesto a ceder. Esto no desalentó las ambiciones francesas, resultando posteriormente, en el Tratado de Fez de 1912, Marruecos dividido en dos: una parte para España y otra para Francia.
Asimismo, a consecuencia de esta pequeña guerra se le concedió a Melilla su propio cuerpo de la Guardia Civil.

lunes, 4 de abril de 2011

Emilio Bonelli y Hernando





Emilio Bonelli nació en 1855 en Zaragoza siendo hijo de un ingeniero agrónomo de origen italiano y de Dª Isabel Hernando. Fue bautizado en la parroquia de San Gil. Con gran facilidad para los idiomas, tras quedar huérfano, entró a trabajar de traductor para la embajada española en Rabat cuando sólo tenía 14 años cobrando 50 pesetas al mes.

Llamado a filas, a los veinte años accedió a la Academia de Infantería de Toledo y se graduó como oficial del ejército. Tras unos viajes por Marruecos le presenta al Ministro de la Guerra una propuesta para establecer contacto oficial con la población nómada de la costa sahariana que permitiera crear bases para los pescadores canarios en una zona que nunca había pertenecido a Marruecos. El ministro desechó su idea pero Bonelli salió directo de su despacho y se encaminó al palacio de Buenavista para exponer sus ideas al Presidente del Consejo de Ministros Cánovas del Castillo el cual le recibió sin solicitud previa y le otorgó su confianza.

Emilio Bonelli había pedido actuar en solitario provisto "sólo de chilaba, babuchas, morral, una tetera y una pipa de kifi". Desembarcó en 1884 en los alrededores de Villa Cisneros, ciudad que fundó posteriormente, y gracias a su dominio del árabe y su habilidad diplomática consiguió la adhesión de las tribus nómadas que permitieron la Declaración de Protectorado Español del Sahara Occidental ese mismo año.

La ocupación del Sahara sólo le costó al estado español la cantidad de 7.500 pesetas que salieron del fondo de gastos secretos a disposición de la Presidencia del Consejo.

A partir de 1887 hizo varios viajes científicos y de exploración por la zona de Rio Muni partiendo de la colonia española de la isla de Fernando Poo con el mecenazgo del Marqués de Comillas.

Fue nombrado vicepresidente de la Liga Africanista Española, cargo que ejerció hasta su muerte.

Publicó diversos libros sobre sus exploraciones: El Imperio de Marruecos en 1882, El Sáhara en 1887 y Guinea Española, nuevos territorios en África.

domingo, 3 de abril de 2011

Los Trece de la Fama




Francisco Pizarro inició la conquista del Perú en 1524 con ciento doce hombres y cuatro caballos en un sólo navío. Sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque se quedaron en Panamá con la misión de contratar más gente y salir posteriormente con ayuda y víveres en pos de Pizarro. Durante esta época mantuvieron duros enfrentamientos con los indios de la costa sur de Panamá donde Pizarro recibió hasta siete lanzadas y Almagro perdió un ojo que le quebraron de un flechazo.
A finales de septiembre de 1526, cuando habían transcurrido dos años de viajes hacia el sur afrontando toda clase de inclemencias y calamidades, llegaron a la isla del Gallo exhaustos. El descontento entre los soldados era muy grande, llevaban varios años pasando calamidades sin conseguir ningún resultado. Pizarro intenta convencer a sus hombres para que sigan adelante, sin embargo la mayoría de sus huestes quieren desertar y regresar. Allí se produce la acción extrema de Pizarro, de trazar una raya en el suelo de la isla obligando a decidir a sus hombres entre seguir o no en la expedición descubridora. Tan solo cruzaron la línea trece hombres: los "Trece de la Fama", o los "Trece caballeros de la isla del Gallo".
Sobre la escena que se vivió en la Isla del Gallo, luego que Juan Tafur le trasmitiera la orden del gobernador Pedro de los Ríos, nos la cuenta el historiador José Antonio del Busto:

El trujillano no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada, avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena:
«Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere».
Un silencio de muerte rubricó las palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que en número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la línea, «no poco se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en corazón la quedada». Sus nombres han quedado en la Historia.

Pizarro y los Trece de la Fama esperaron en la isla del Gallo cinco meses por los refuerzos, los cuales llegaron de Panamá enviados por Diego de Almagro y Hernando de Luque, al mando de Bartolomé Ruiz. El navío encontró a Pizarro y los suyos en la Isla de la Gorgona, hambrientos y acosados por los indios. Ese mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur.
Los Trece en la historiografía
El relato de los hechos ha pasado a la historia con tintes de leyenda, pues los distintos historiadores no coinciden en el exacto desarrollo del episodio ni en el número e identidad de los participantes.
La capitulación que Pizarro firmó con la reina Isabel en Toledo tres años después, en la que se concedió el título de hidalgos a los trece mencionados por lo mucho que han servido en el dicho viaje e descubrimiento,sugiere que fueron los mismos que permanecieron junto a él en la isla del Gallo, aunque algunos autores lo ponen en duda.Garcilaso de la Vega, quien asegura haber conocido personalmente a dos de los trece antes de su viaje a España en 1560, confirma la versión anteriormente expuesta,pero Antonio de Herrera y Tordesillas relata que la escena tuvo lugar a bordo del barco de Juan Tafur, y que fue éste y no Pizarro quien trazó la línea sobre la cubierta de la nave, que finalmente cruzaron 13 hombres y un mulato.
Pedro Cieza de León y Francisco López de Gómara coinciden en asegurar que eran trece, pero Pedro Pizarro los cuantifica en doce y Francisco de Xerez, escribano oficial de la expedición que se encontraba presente, aunque menciona el hecho sin entrar en detalles, sí dice que fueron 16 los que se quedaron con Pizarro.

Clements R. Markham, basándose en varios autores contemporáneos, da una relación de posibles participantes en el episodio:

Bartolomé Ruiz: Volvió a Panamá con el barco.
Pedro de Candía: Natural de Candía (Grecia), era el único no español.
Cristóbal de Peralta
Alonso Briceño
Nicolás de Ribera, tesorero de la expedición; llamado el viejo.
Juan de la Torre
Francisco de Cuellar
Alonso de Molina
C Z G
Domingo de Soraluce: Mencionado a veces como Soria Luce.
Pedro Alcón
García de Jarén (o Jerez)
Antón de Carrión
Martín de Paz
Diego de Trujillo; Zárate menciona a éste como Alonso de Trujillo.
Gerónimo (o Alonso) de Ribera
Francisco Rodríguez de Villafuerte. El primero en cruzar la línea, según Garcilaso.
Juan Roldán
Markham atribuye la mención de estos dos a un error de Balboa.
Blas de Atienza.

jueves, 31 de marzo de 2011

Regimiento de Cazadores de Taxdirt



El día 20 de Septiembre de 1909 el Teniente Coronel de Caballería D. José Cavalcanti de Alburquerque y Padierna, Ayudante de Campo del General Tovar, Jefe de la División de Cazadores, recibió órdenes de éste para ponerse al frente del 4º Escuadrón del Regimiento de Cazadores Alfonso XII, 21 de Caballería, y emplearlo en la forma que creyera más conveniente.

Y el momento no tarda en llegar. Es en la llanura de Taxdirt, en las afueras de Melilla, en las operaciones posteriores a la derrota española en el barranco del Lobo. Al llegar donde se hallaba el Escuadrón, Cavalcanti observó que el enemigo ocupaba una posición tras el repliegue del Batallón de Infantería Cataluña, y desde la cual podía causarle muchas bajas, por lo que inmediatamente cargó con 65 jinetes sobre la línea de tiradores enemigos, de unos 1.500 hombres de la Cábila de Beni Sicar, obligándoles a retirarse sobre su grueso. Sin vacilar un momento, cargó denodadamente sobre el núcleo referido, arrollándole y causándole muchas bajas. Rehizo sus fuerzas y nuevamente se lanzó sobre los moros, recogiendo las bajas que había tenido en las cargas anteriores y ocupando una posición que defendió y sostuvo hasta que fue relevado por fuerzas de Infantería. En la tercera carga del Escuadrón sólo participan 20 jinetes, pues el resto es baja, está desmontado o persiguiendo al enemigo.

Las bajas del Escuadrón de Alfonso XII fueron 25 jinetes, y tanto Cavalcanti como el Estandarte de Regimiento recibieron la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española. En honor a esa heróica carga, se forma el Regimiento de Cazadores de Taxdirt.

domingo, 27 de marzo de 2011

Félix de Azara



Félix de Azara fue un militar, ingeniero, explorador, cartógrafo, antropólogo, humanista y naturalista español, nacido el 18 de mayo de 1742 en Barbuñales (Provincia de Huesca) y muerto en 1821.
La abreviatura Azara se emplea para indicar a Félix de Azara como autoridad en la descripción y clasificación científica de los vegetales.España y Portugal, por el Tratado de Madrid, fijaban las fronteras de sus posesiones en América del Sur. Se eligió a Azara para formar parte de los comisarios encargados de delimitar con precisión las fronteras españolas. Parte hacia Sudamérica en 1781 para una misión de algunos meses y se quedará durante 20 años.
En sus viajes, y casi por aburrimiento, tomó interés en los animales de las zonas que visitaba. Así, a pesar saberse ignorante sobre el tema y creer que antes que él ya lo habrían hecho los viajeros y naturalistas de América, decidió apuntar sus observaciones y esperar a acabar sus otras obligaciones para publicar los materiales. Azara describió 448 especies, de las cuales la mitad eran nuevas.
Finalmente fue llamado de vuelta a España en 1801 al cabo de 20 años de privaciones, sufrimientos y después de haber sobrevivido a diversos peligros, desde ataques de indios hasta serpientes venenosas.
No aportó animales disecados, sino únicamente sus manuscritos sobre los mamíferos y reptiles del Paraguay y Río de la Plata (Essais sur l´histoire naturelle des Quadrupèdes, Paris, 1801, y la versión española: Apuntamientos sobre la historia natural de los quadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata, Madrid, 1802), los Apuntamientos para la historia natural de las Paxaros del Paraguay y Rio de la Plata (tres volúmenes, Madrid, 1802-1805). Haciendo prueba de gran generosidad, el mismo Sonnini tradujo la obra al francés en 1809 bajo el título Voyages dans l’Amérique méridionale, par don Félix de Azara (cuatro volúmenes, de los cuales el tres y el cuatro corresponden a los "Páxaros del Paraguay", y atlas, Paris).
Gustav Hartlaub (1814-1900) editó en 1837 un índice de las especies de aves descritas por Azara. Varias especies le fueron dedicadas: el pájaro Synallaxis azarae por Alcide Dessalines d'Orbigny (1806-1876) en 1835 y los roedores Dasyprocta azarae por Martin Lichtenstein (1780-1857) en 1823, Akodon azarae Johann Fischer von Waldheim (1771-1853) en 1829 y Ctenomys azarae por Michael Rogers Oldfield Thomas (1858-1929) en 1903.
También se le ha dedicado una dorsal en la Luna, la Dorsum Azara en 26° 42' N y 19° 12' O de unos 105 km de longitud. La ciudad de Azara en la provincia de Misiones nominada en su memoria por su trabajo en la región.
Se planteó la posibilidad de la evolución de las especies, preguntándose las similitudes existentes ante la falta de rigor científico. Antes que el propio Charles Darwin, quien parece que conocía sus estudios.
Colaboró con José Artigas en el establecimiento de pueblos en las fronteras entre la Provincia Oriental (actual Uruguay) y el Imperio del Brasil, cuya fundación más importante fue el pueblo de Batoví.

viernes, 18 de marzo de 2011

Expedición Malaspina




En septiembre de 1788, Alejandro Malaspina, junto con su colega José de Bustamante y Guerra, propone al gobierno español la organización de una expedición político-científica, con el fin de visitar casi todas las posesiones españolas en América y Asia. Este viaje se conocería como expedición Malaspina.
Los propósitos de la expedición serían los siguientes: incrementar el conocimiento sobre ciencias naturales (botánica, zoología, geología), realizar observaciones astronómicas y "construir cartas hidrográficas para las regiones más remotas de América".
La expedición levantó mapas, compuso catálogos minerales y de flora y realizó otras investigaciones científicas. Pero no abordó simplemente cuestiones relativas a la geografía o a la historia natural. En cada escala, los miembros de la expedición establecen inmediato contacto con las autoridades locales y eventuales científicos para ampliar las tareas de investigación.
El objetivo de Malaspina era realmente ambicioso. Aspiraba a dibujar un cuadro razonado y coherente de los dominios de la monarquía española. Para ello, no sólo contaba con los trabajos de sus colaboradores, sino que también investigó en los materiales de los principales archivos y fondos de la América española. A través de sus diarios y escritos, tuvieron cabida los distintos aspectos de la realidad del imperio, desde la minería y las virtudes medicinales de las plantas hasta la cultura, y desde la población de la Patagonia hasta el comercio filipino. De esta forma culmina, siguiendo los principios de la Ilustración, la experiencia descubridora y científica de tres siglos de conocimiento del Nuevo Mundo y la tradición hispana de relaciones geográficas y cuestionarios de Indias. Y lo hacen bajo una fórmula característica del período pues, imbuido del credo cientifista y naturalista de la Ilustración, lo que hizo Malaspina en realidad fue componer una verdadera física de la Monarquía.
A su regreso, la expedición Malaspina había acumulado una cantidad ingente de material: la colección de especies botánicas y minerales, así como observaciones científicas (llegaron a trazar setenta nuevas cartas náuticas) y dibujos, croquis, bocetos y pinturas, era impresionante y, sin duda, la mayor que habrían de reunir en un solo viaje navegantes españoles en toda su historia.

viernes, 11 de marzo de 2011

Expedicion botanica de Jose Celestino Mutis



José Celestino Mutis y Bosio (Cádiz, 6 de abril de 1732 - Bogotá, 11 de septiembre de 1808) fue un botánico y matemático español.

Hacia 1763 Mutis propuso al rey de España realizar una expedición botánica con el fin de estudiar la fauna y flora americanas. Tuvo que esperar 20 años para conseguirlo, y así emprendió lo que se ha llamado el "redescubrimiento". Realizó tres expediciones botánicas.

En 1772 Mutis obtuvo las órdenes sacerdotales.

En 1783, bajo la dirección de Mutis, se inició la Real Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada; la exploración cubrió unos 8000 kilómetros cuadrados, utilizando como eje el río Magdalena.

En marzo de 1762, durante la inauguración de la cátedra de Matemáticas del Colegio del Rosario, expuso los principios del sistema de Copérnico, de la ciencia moderna y del método experimental lo cual le valió un enfrentamiento con la iglesia. En 1774 tuvo que defender ante la Santa Inquisición, la conveniencia de la enseñanza de los principios Copernicanos, así como de la física y matemática modernas, inspiradas en Isaac Newton, y de la "filosofía natural".

Mutis adquiriría un gran renombre en los círculos científicos europeos. Mantenía constante correspondencia con los principales científicos europeos y españoles, entre los que destaca Carlos Linneo al que envió materiales botánicos, y Alexander von Humboldt, que le visitó durante su viaje expedicionario por América.

Mutis murió a los 76 años de edad, víctima de apoplejía en Santa Fe de Bogotá el día 11 de septiembre de 1808. Tras la muerte de Mutis su sobrino, Sinforoso Mutis Consuegra, hijo de su hermano Manuel, se hizo cargo de la Expedición Botánica. En 1818, con el levantamiento independista, los materiales de la expedición, herbario, manuscritos y dibujos, se llevaron a España y actualmente se conservan en el Real Jardín Botánico de Madrid. Lo más destacado son sus más de 6.000 dibujos botánicos de flora colombiana que forman parte del patrimonio nacional.

La familia Mutis tuvo amplia descendencia en Colombia.

En lo referente a la lingüística: estudió las lenguas indígenas de su entorno y, entre sus actividades, estuvo la elaboración de una serie de vocabularios elementales (100 palabras de cada idioma indígena) por encargo del rey Carlos III. El rey respondía a la demanda de la zarina Catalina la Grande que le había pedido vocabularios de las lenguas habladas en todos sus reinos, para hacer un monumental Diccionario de todas las lenguas del mundo. (Como anécdota: dicho Diccionario se publicó, pero los compiladores tuvieron la malhadada idea de hacerlo por orden alfabético, por lo que resulta imposible consultarlo.)

Esto viene a comprobar tanto en Mutis como en otros hombres y mujeres de su tiempo la defensa de los indijenas, y de la lengua por parte del reino de España.