Hay que recordar lo que fuimos para saber lo que somos

Por desgracia la Historia de nuestro país poco importa a los políticos de turno. Si permitimos esto, terminaremos sin saber qué fue España y dejaremos que el devenir de los sucesos actuales borre nuestra memoria.
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viernes, 16 de diciembre de 2011

José María Queipo de Llano



José María Queipo de Llano y Ruiz de Sarabia (26 de noviembre de 1786 – 16 de septiembre de 1843), VII Conde de Toreno, fue un político e historiador español nacido en Oviedo, Asturias. Fue Presidente del Consejo de Ministros Español.Cursó sus estudios de Humanidades y Ciencias en Cuenca, Salamanca y Madrid. En 1803 regresó a Asturias donde formó parte como vocal de la juntarevolucionaria durante la Guerra de la Independencia, para ser posteriormente miembro de las Cortes de Cádiz que aprobaron la Constitución española de 1812. Fue uno de sus grandes impulsores y el principal defensor de un texto constitucional de 1812. Fue un gran defensor de la división de poderes.En 1814 Toreno se exilia en Londres al llegar Fernando VII otra vez al poder. Allí se entera de que Fernando VII le había condenado a muerte y confiscado sus bienes por rebelde. Desde Londres se traslada a París, donde se va transformando en un liberal moderado que quiere encajar la monarquía dentro de un marco constitucional. También vivió en Lisboa y Berlín. Tras el alzamiento de su cuñado, Rafael del Riego, el 1 de enero de 1820 en Cabezas de San Juan, se le devuelve lo perdido y pasa a ser Diputado y Presidente de las Cortes.En su destierro escribió su primera obra, publicada en Francia en 1832 sobre la Guerra de la Independencia Española. Tras la amnistía general por la muerte del rey, y a su regreso a España es nombrado Ministro de Hacienda en el gobierno de Francisco Martínez de la Rosa en 1834, donde no consiguió llevar a cabo reformas que permitieran la modificación del sistema financiero y la superación de la crisis económica derivada de la guerra carlista. Tras el paso de Mendizábal, ocupó la Presidencia del Gobierno el 7 de junio de 1835 durante apenas tres meses en la convulsa situación de la regencia de María Cristina con los levantamientos liberales en toda España. Regresó a París en 1840 donde falleció en 1843.Como historiador cabe destacar su Historia del levantamiento, guerra y revolución de España sobre la Guerra de la Independencia que él vivió en primera persona.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Diego Muñoz-Torrero



Diego Muñoz-Torrero y Ramírez Moyano (Cabeza del Buey, Badajoz, 21 de enero de 1761 - San Julián de la Barra, Portugal, 16 de marzo de1829), fue un sacerdote, catedrático y político español. Como diputado se enfrentó a la Inquisición y fue uno de los máximos defensores de la libertad de imprenta.Era hijo de Diego Antonio Muñoz-Torrero, farmacéutico y profesor de latín, con quién estudió hasta su traslado a la Universidad de Salamanca, a los 11 años, para estudiar allí Teología y Filosofía; se ordenó sacerdote y fue nombrado en 1784 catedrático de Filosofía en Salamanca, formando parte de un grupo de profesores y alumnos que emprende una importante renovación de la enseñanza. En 1787 fue nombrado por unanimidad Rector de la Universidad de Salamanca.

Durante su ejercicio como Rector, llevó a cabo varias medidas como la conservación de la colección de Yerbas existente en la Universidad, el incremento de los fondos existentes en la Biblioteca Universitaria, solventar los conflictos existentes entre las Facultades de Medicina y Artes por un lado, y las de Teología y Jurisprudencia por otro, la creación del Colegio de Filosofía. También se preocupó por la reforma de los métodos de enseñanza y por el cambio de planes de estudio, prácticas académicas y libros de textos.

Tras el alzamiento nacional contra José I en 1808, es nombrado miembro de la Junta de Extremadura, y enviado posteriormente a Cádiz como diputado a lasCortes Generales por la región extremeña en la legislatura 1810-1813.Su elección, el 23 de julio de 1810, se realizó en una sesión en la que hubo diversas irregularidades, y fue puesta en tela de juicio y recurrida ante la junta electoral por varios personajes.El 24 de septiembre de 1810, en la jornada inaugural de las Cortes, es el primer diputado en intervenir haciendo varias proposiciones revolucionarias de tipo liberal:
- La soberanía de la nación reside en el pueblo,
-Separación de poderes,
-Abolición de la Inquisición,
-Libertad de prensa,
-Inviolabilidad de los diputados.
Y consiguiendo la aprobación de dos decretos fundamentales:
-Sobre la libertad de imprenta, en contra de la postura del Inquisidor Riesco, con opiniones tales como que la censura previa es el último asidero de la tiranía.
Sobre la soberanía nacional: junto con Manuel Luján, también diputado por Extremadura, Muñoz Torrero presentó un texto de once puntos que recogía detenidamente la iniciativa: la legitimidad de los diputados como representantes de la nación, de sus Cortes, el reconocimiento de Fernando VII como rey, la nulidad de la cesión de la corona en favor de Napoleón, la división de poderes, la inviolabilidad de los diputados y el juramento de la regencia de todas estas declaraciones.

El 2 de marzo de 1811, por 78 votos, fue nombrado presidente de la comisión redactora de la Constitución, junto con Agustín Argüelles y Pérez de Castro, y fue una de las figuras más destacadas en la redacción de esta primera Constitución liberal que tuvo España, aprobada el 19 de marzo de 1812 y llamada por ello "La Pepa".Como anécdota, la bandera de las Cortes, de tafetán con dos fajas rojas y una amarilla intermedia, todas de igual anchura, fue regalo de Muñoz-Torrero, bandera que más tarde fue utilizada por la Milicia Nacional a partir de 1820.

A principios de 1814, tras la batalla de Arapiles y el abandono de José I, Fernando VII firma con Napoleón el tratado de Valençay el 11 de noviembre de 1813, consiguiendo la corona a la que había renunciado en Bayona a cambio de la neutralidad española en las guerras de Francia.A su regreso, en marzo de 1814, y pese a que en el tratado se comprometía al perdón de los afrancesados, en lugar de prestar juramento a la Constitución, Fernando da un golpe de estado con ayuda del General Elío, disuelve las Cortes el 10 de mayo y declara nulas todas las disposiciones tomadas por ellas, persiguiendo y encarcelando a los que participaron en ellas. Por liberal, Muñoz-Torrero fue detenido, y por su condición de sacerdote fue encerrado en el monasterio de San Francisco en Padrón (La Coruña), donde permaneció seis años.

En 1820, el general Riego encabeza una sublevación de las tropas reclutadas para ir a América, que, aunque fracasa, obliga al rey a jurar la Constitución.Muñoz-Torrero es elegido de nuevo diputado por Extremadura, y las Cortes le nombran Presidente de su Diputación permanente, puesto desde el que consigue suprimir la Inquisición de forma definitiva. El Gobierno le nombra obispo de Guadix (pues seguía vigente el derecho de presentación de obispos), pero el Papa no refrenda dicho nombramiento, aparentemente por los informes del ex-inquisidor granadino Verdejo, que era canónigo de Guadix y absolutista acérrimo.

En 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis enviados por la Santa Alianza devuelven a Fernando VII sus prerrogativas absolutistas el 1 de octubre, dando comienzo a la Década Ominosa. Muñoz-Torrero huye a Portugal, donde también es perseguido por sus ideas liberales. Hecho prisionero, es encerrado en la Torre de San Julián de la Barra y torturado, permaneciendo hasta su muerte, ocurrida el 16 de marzo de 1829.Su cuerpo fue trasladado a Madrid, al Panteón de Hombres Ilustres y colocado en el mausoleo conjunto, una cripta construida en 1857 bajo una estatua que representa la Libertad, y donde se encuentran los cuerpos de Agustín de Argüelles, José María Calatrava, Juan Álvarez Mendizábal, Diego Muñoz-Torrero, Francisco Martínez de la Rosa y Salustiano Olózaga.

lunes, 12 de diciembre de 2011

José Mejía Lequerica



José Mejía Lequerica Quito (Ecuador) 1777, Cádiz (España) 1813) nació de la relación entre el abogado José Mejía del Valle y Manuela Lequerica Barrioteca, en la parroquia de San Marcos, en la capital de la Real Audiencia de Quito, actual Ecuador.Desde muy temprana edad destacó como estudiante de alto cociente intelectual, cursando con tan solo 19 años Gramática Latina, Filosofía y la Sagrada Teología. En 1805 optó por el título de Bachiller en Medicina y luego por el Bachiller de Cánones (Leyes). La Universidad se negó a graduarle hasta que legitimara y limpiara su nombre, pues al ser hijo natural, no se le consideraba apto para el grado.En 1797, contrae matrimonio con Manuela Espejo, hermana de Eugenio Espejo, considerado el precursor más importante de la Independencia del actual Ecuador y del cual fue uno de sus discípulos.Las imposiciones sociales y los prejuicios, dificultan la vida de José Mejía Lequerica en Quito y le animan a viajar a España en 1807, aunque siempre sintió la nostagia de querer volver a su tierra natal. Cuando en 1808 las tropas francesas invaden la Península, Mejía Lequerica se une a la lucha contra los invasores, enrolándose en el ejército popular. Sale de Madrid disfrazado de carbonero y tras varias jornadas a pie llega a Sevilla donde vuelve a alistarse en el ejército popular, aquí escribe a su mujer: ...si salgo con vida y honra, como lo espero de Dios, tendrás en tu compañía un hombre que habrá mostrado no estar por demás en el mundo. Sobre su paso por las milicias españolas, escribió varios relatos.Fue designado diputado suplente por Quito y el virreinato de Nueva Granada a las Cortes de Cádiz. Al no asistir el titular José Matheu, Conde de Puñoenrostro, ocupa él el escaño. Desde que las Cortes se instalaron el 24 de septiembre de 1810 en San Fernando (Cádiz), Mejía defendió los derechos y las necesidades de América, la libertad de expresión y de imprenta y criticó duramente a la Inquisición en discursos llenos de brillantez y vehemencia, lo que le convirtió en uno de los más aplaudidos oradores de las sesiones de Cortes. Tras los trágicos acontecimientos en Quito del 2 de agosto de 1810, Mejía Lequerica intervino en Cádiz en defensa de la causa de los próceres asesinados, obligando al presidente Molina, entonces al mando de la Real Audiencia de Quito, a dar explicaciones públicas de lo acontecido.Defendió que las Cortes permanecieran en Cádiz porque certificó, con sus conocimientos médicos, que no había peligro de contagio de fiebre amarilla. Sin embargo, él mismo contrajo la enfermedad y murió en Cádiz el 27 de octubre de 1813. Sus restos fueron exhumados en 1814 y se perdieron en el cementerio de San José.Su testamento se conserva en el Archivo Provincial (Casa de las Cadenas), en la calle Cristóbal Colón (Cádiz).También trabajó para los nativos y para que ellos se pudiesen liberar de los españoles ya que los mismos explotaban demasiado a los indios.Como todos los diputados (americanos, europeos y el filipino llegado a Cádiz) trabajó para dar a Iberoamérica una constitución unitaria por la que serían ciudadanos "todos los españoles de ambos hemisferios"

sábado, 10 de diciembre de 2011

Agustín de Argüelles Álvarez



Agustín de Argüelles Álvarez González. (Ribadesella, 18 de agosto de 1776 - Madrid, 26 de marzo de 1844) apodado el divino por su oratoria durante las Cortes de Cádiz, fue un abogado, político y diplomático español.Estudió Derecho en la Universidad de Oviedo, representando a esta ciudad en las Cortes de Cádiz además de ser Secretario de la Junta preparatoria. En ellas participó activamente en la redacción de la que sería la primera constitución española, destacando por sus intentos de abolición de la esclavitud y por su oposición al tormento como prueba judicial. Debido a su magnífica oratoria en las Cortes sería apodado el divino.Con la vuelta de Fernando VII a España y la restauración absolutista, Argüelles fue enviado como presidiario a Ceuta en 1814 . Rehabilitado tras el pronunciamiento deRiego, fue nombrado Ministro de la Gobernación. Después del gobierno liberal se exilió a Inglaterra en 1823 y sobrevivió como bibliotecario de Lord Holland.Tras la muerte de Fernando VII, regresó a España en 1834, participando en la redacción de la constitución de 1837. Fue diputado por Asturias y nombrado preceptor deIsabel II durante su minoría de edad por Baldomero Espartero, tras perder la votación en las Cortes Generales frente a éste para ser elegido Regente de España. Falleció en 1844.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Evaristo Fernández de San Miguel



Evaristo Fernández de San Miguel y Valledor (Gijón, 26 de octubre de 1785 - Madrid, 29 de mayo de 1862) fue un noble, militar, político e historiadorespañol, duque de San Miguel.Estudiante de Humanidades en la Universidad de Oviedo, se integró en las unidades de voluntarios con el estallido de la Guerra de la Independenciaintegrándose en el Batallón de Voluntarios del Estado en Madrid en 1807. Huyó de la capital al iniciarse la guerra dirigiéndose a Asturias donde ingresó en el Batallón Covadonga integrado en el Regimiento Infiesto. Sus acciones militares en la zona serán decisivas en el intento de liberación de Santander. Se mostró como hombre fuerte, leal y, en ocasiones, duro con el enemigo. Sin embargo en las acciones para la aproximación a la capital cántabra, los franceses desbarataron las columnas españolas, siendo hecho prisionero y trasladado a Francia. Allí tomó contacto con muchos de los militares liberales que serían decisivos en el devenir de la historia de España años más tarde.Tras su liberación en 1814 con la firma de la paz, participó en los movimientos opuestos al Manifiesto de los Persas que legitimó la restauración absolutista de Fernando VII, por lo que fue arrestado cuando formaba parte del Regimiento Asturias que se aprestaba a viajar a América en defensa de las colonias. No obstante, llevado a la isla de León, las circunstancias permiten su liberación y es nombrado Segundo Jefe de Estado Mayor, siendo uno de los primeros hombres que se une el 1 de enero de 1820 al alzamiento de Rafael de Riego, dirigiéndose con él desde San Fernando hacia la capital de España. En este momento es ascendido a Coronel. Aunque es discutido, parece haber sido el autor de la letra del Himno de Riego.Tras jurar Fernando VII la Constitución liberal de Cádiz, se trasladó a Madrid, donde fue nombrado para ocupar diversos puestos en torno al Ministerio de la Guerra. Los movimientos contrarrevolucionarios de Fernando VII se hacen más patentes en Madrid que en otros lugares. San Miguel tiene, entre sus obligaciones, estar a cargo del Batallón de Patriotas y, por ende, de la Milicia Nacional en la ciudad. En julio de 1822 se ve obligado a usar la fuerza contra unidades realistas que intentaba entrar en la capital. En este tiempo fue miembro del Gabinete como Secretario del Despacho de Estado, con rango equivalente a Ministro de Asuntos Exteriores desde el 5 de agosto de 1822 al 2 de marzo de 1823 en que lo sustituye Álvaro Flórez de Estrada, debiendo enfrentarse durante su ministerio a las acciones de las potencias extranjeras unidas en la Santa Alianza en favor del absolutismo. Con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, junto con Espoz y Mina, combate en Cataluña pero es gravemente herido, detenido y trasladado al país galo.Liberado en 1824, durante la Década Ominosa no pudo volver a España y se exilió en Londres. Regresó en 1834 con la amnistía general, uniéndose inmediatamente a la causa de María Cristina de Borbón en defensa de la legitimidad de Isabel II en el enfrentamiento con el Infante don Carlos por la Corona española. Se unió así al ejército cristino durante la Primera Guerra Carlista donde llegó a ascender hasta Mariscal de Campo, destacando su participación en la Batalla de Mendigorría -por la que obtuvo la Cruz Laureada de San Fernando. Llegó a ser nombrado General en Jefe de los Ejércitos del Centro.Al finalizar la Guerra Carlista fue nombrado Capitán General provisional de Aragón y apoyó de forma explícita los movimientos revolucionarios de 1836 que desencadenó el motín de la Granja de San Ildefonso para el restablecimiento de la Constitución gaditana de 1812 en perjuicio del Estatuto Real de 1834.Fue elegido diputado en las Cortes que aprobaron la Constitución de 1837. Fue Ministro de la Guerra durante la regencia de Baldomero Espartero, siendo Presidente del Consejo de Ministros Eusebio Bardají Azara. De 1836 a 1850 fue elegido diputado sucesivamente por Oviedo, Zaragoza y Madrid. En 1851 fue elegido senador vitalicio aunque no regresó a la actividad política efectiva hasta la llegada del Bienio Progresista en 1854, de nuevo con Espartero y O'Donnell, siendo partícipe activo de los movimientos revolucionarios de la Junta de Madrid, Capitan General de Castilla La Nueva y Comandante General del Real Cuerpo de Alabarderos. El recuerdo de sus actuaciones al frente de la Milicia Nacional en 1822 en defensa de Madrid le llevaron a ser apodado por sus conciudadanosÁngel de la Paz.Además de la Laureada de San Fernando, fue distinguido con la Gran Cruz de la Orden de Carlos III y la Orden de San HermenegildoFue también académico de honor desde 1836 de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Álvaro Flórez Estrada



Álvaro Flórez Estrada
(Pola de Somiedo, Asturias, 1765 - 1853), economista, abogado y político español.Estudia humanidades en Grado y Derecho en la Universidad de Oviedo y se traslada a Madrid, donde se hace magistrado. A los treinta años fue nombrado por Godoy, tesorero general del Reino, cargo que, después de algún tiempo, acabó por renunciar, al considerar su desempeño incompatible con las convicciones liberales que profesaba. Retirado a Pola de Somiedo, la Junta General del Principado le nombra, en 1798, su procurador general.Cuando en 1808 se produce el levantamiento de Asturias contra Napoleón, él, que intuye que "la lucha contra el invasor no tiene sentido si no es al mismo tiempo una revolución política", redacta la Proclama de la Junta y también la Carta de ésta pidiendo ayuda al rey de Inglaterra. Al ser disuelta la Junta por el Marqués de la Romana, Flórez Estrada escapa a Sevilla para denunciar lo ocurrido en la Junta Central. Se queda en Sevilla y en Cádiz; redacta un bosquejo de Constitución liberal, aunque monárquica. Se marcha a Londres, y allí expone su ideario en las publicaciones que hace en 1810 sobre la Introducción para la historia de la revolución de España y sobre el Examen imparcial de las disensiones de la América con España.En 1812 fue diputado de las Cortes de Cádiz. En Cádiz funda un periódico liberal, y en 1813 es nombrado Intendente Militar en Andalucía. Al poco abandona su cargo y se dedica al estudio de la historia, las lenguas y la economía.Su participación en las Cortes de Cádiz y en sociedades masónicas le obligan a huir de España cuando, en 1814, el regresó de Fernando VII amenaza con condenarlo a muerte, exiliándose enLondres. Su estancia allí le permite entrar en contacto con los economistas ingleses (David Ricardo, James Mill y Adam Smith) introduciendo en España sus ideas. También fue a Roma a ofrecer a Carlos IV la reposición en el trono si aceptaba una monarquía constitucional. En 1818 redactó una trascendental Representación al rey en defensa de las Cortes, que se imprimió en Londres en 1819 que, divulgada en España, contribuyó a renovar el entusiasmo por el régimen constitucional y que preparó el camino para que Rafael Riego decidiera su alzamiento militar el 1º de enero de 1820, enCabezas de San Juan. Proclamada, de nuevo, la Constitución, regresó a España. Intentó llevar a la práctica alguno de sus teóricos planes económicos e industriales y fue elegido diputado a Cortes por Asturias. En el Congreso se opondrá al proyecto de abolir las Sociedades patrióticas, pues él defiende siempre la libertad: "libertad de imprenta, libertad política, libertad civil, libertad de aduanas, libertad de comercio, libertad de hablar y libertad de todo será su eterno y más dulce cantar", se ha escrito de él. Ya sin representación en las Cortes, redactó en 1822, con Martínez Marina, el primer proyecto del Código Penal español y el 3 de marzo de 1823 es nombrado ministro de Estado. Pero, al mes siguiente, la llegada de los "Cien mil hijos de San Luis", le obligó a embarcar en Gibraltarpara exiliarse, de nuevo, en Londres.Durante esta expatriación, que durará diez años, publica libros de economía, tales como Efectos producidos en Europa por la baja en el producto de las minas de plata, Examen de la crisis comercial de Inglaterra y Curso completo de economía política.Regresó a España a la muerte del rey Fernando VII, interviniendo, de nuevo, en política. Representa a Asturias en todas las legislaturas desde 1834 hasta 1840. Defiende las ideas amortizadoras deMendizábal, aunque no sus métodos. Publica, a este respecto, su trabajo Sobre la enajenación de los bienes nacionales (1836). Escribe varios libros más sobre economía, como Elementos de Economía Política. En 1846 es nombrado senador vitalicio y, anciano de ochenta y siete años, fallece en el palacio de Miraflores de Noreña el 16 de diciembre de 1853. su nombre está inscrito en el monumento que Oviedo tiene dedicado a los economistas y hacendistas asturianos. Un pequeño, pero notable, retrato suyo, por un anónimo inglés puede verse en el Museo de Bellas Artes de Asturias.Escribió un libro de texto que fue estudiado en todo el ámbito de la lengua española durante años.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Manuel Alberto Freire de Andrade y Armijo

Manuel Alberto Freire de Andrade y Armijo (Carmona, Sevilla, 4 de noviembre de 1767 – Madrid, 7 de marzo de 1835) fue un oficial de caballería español durante la Guerra de la independencia española. Tras luchar contra los franceses en Murcia, Granada, y Valencia (1810-1812), sucedió al General Giron al frente del Cuarto ejército español, el Ejército de Galicia.1 Obtuvo el triunfo en labatalla de San Marcial sobre las tropas de Soult en 1813 (ganando la Cruz de San Fernando).

martes, 11 de octubre de 2011

Francisco Javier de Uriarte y Borja


Francisco Javier de Uriarte y Borja (Puerto de Santa María, 5 de octubre de 1753 - Ibid., 29 de noviembre de 1842) fue un marino y militar español, 18º Capitán General de la Real Armada Española.

Fue hijo de Miguel de Uriarte y Herrera y de María del Carmen de Borja y Lasteros, ambos nacidos en Quito, entonces Real Audiencia. Su madre era hija de Francisco de Borja Paz Duque de Estrada y de Isabel Lasteros de Salazar y Carmona, por tanto descendiente directa de San Francisco de Borja y Aragón, IV duque de Gandía (Expediente 1737 para ingreso a la Orden de Carlos III). El 31 de mayo de 1774 sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz, a los 21 años de edad. Por su aplicación y el llevar ya una educación sobresaliente, sólo un año más tarde se le ascendía al grado de alférez de fragata. Participó con este grado en la campaña de Argel de 1775 y en la expedición a Santa Catalina entre 1776 y 1777. El 23 de mayo de 1778 fue ascendido a alférez de navío, el 21 de diciembre de 1781 a teniente de fragata y en 1782 a teniente de navío. Participó en la expedición científica al estrecho de Magallanes, estando a las órdenes de Antonio de Córdova, en la que demostró gran entendimiento en las ciencias y un gran valor al realizar exploraciones peligrosas, siendo siempre el primero en ofrecerse para ello. Descubrió varias islas y puertos, a uno de los cuales se le puso su nombre. Después de una larga y accidentada navegación, llegó a la cabecera del Cabo del Pilar, límite occidental del estrecho en la costa del Fuego, que desemboca en el océano Pacífico. El 21 de septiembre de 1789 fue ascendido a capitán de fragata. A su regreso y en el mismo año de 1793, estuvo en la campaña del Rosellón y poco después en la de Tolón. A capitán de navío fue ascendido con fecha del 25 de enero de 1794, año en que se le encomendó una misión arriesgada: le fue entregado el mando de la fragata Lucía. Se hizo a la vela desde el puerto de Cádiz, atravesó el océano Atlántico burlando a los británicos que lo cruzaban en misión de vigilancia y en busca de presa, y llegó al Río de la Plata, donde entregó los pliegos de los que era portador. Se le cargaron en el buque cinco millones de pesos fuertes y regresó, burlando otra vez a sus perseguidores, desembarcándolos sin novedad en el puerto de Cádiz. Se le dio el mando del navío Firme, con el que participó en el combate naval de cabo Espartel. Pasó después a mandar los navíos Terrible y Concepción, éste último perteneciente a la escuadra del general Federico Gravina, y tomó parte en la acción de Brest. Enterado Napoleón de sus méritos profesionales, le distinguió con el mejor regalo que se le podía hacer a un militar: un sable de honor, al que Uriarte le tenía en una gran estima. Pasó de nuevo a mandar, sucesivamente, los navíos Asturias, Guerrero y Argonauta; en éste último trasladó a los Reyes de Etruria. Fue ascendido a brigadier el 5 de octubre de 1802. En la desafortunada batalla de Trafalgar ostentaba el mando del coloso de los mares, el navío Santísima Trinidad, el único de cuatro baterías que ha existido y con 140 bocas de fuego. De lo ocurrido en él, se pueden entresacar varias notas del relato que él mismo realizó en 1838 y que fue publicado en Fanal, como crónica marítima, el 9 de febrero de 1843.


En el Trinidad, unos murieron en sus puestos, y otros, no tan felices, mutilados, les sirvió el navío de sepulcro, yendo a pique con ellos en medio de los horrores de una borrasca, que impidió al enemigo darles auxilio. Allí desaparecieron oficiales y hombres de todas clases dignos de mejor suerte...

Hace hincapié en la conducta del teniente de navío Juan de Matute, que al ser desmontada toda la artillería a su mando, la tercera batería, subió al alcázar y le dijo: Siendo inútil mi presencia en mi puesto, pido permiso para estar junto a mi comandante, en el lugar de más riesgo. Un momento después una bala de cañón le segaba la vida al teniente de navío don Joaquín de Salas, y unos doce segundos después, otra bala de cañón le arrancaba una pierna al teniente de navío Matute.

Nadie quedó en pie en el alcázar, toldilla y castillo, a excepción de Uriarte y aún éste con dos contusiones. Todo a su alrededor estaba cubierto de cadáveres y heridos. Poco después cayeron los tres palos partidos por sus fogonaduras y entre todos estos destrozados restos quedó Uriarte también fuera de combate, por un astillazo que recibió en la cabeza.

El navío Santísima Trinidad, en aquel desagradable día, arbolaba la insignia del jefe de escuadra Baltasar Hidalgo de Cisneros y se batió, al principio llevando una ventaja, contra el navío británico Victory, que no pudo realizar el corte de línea entre él y el navío francés Bucentaure, insignia de Villeneuve, tal como era la intención del almirante Nelson, quien enarbolando su insignia en el navío británico, encabezaba una de las dos líneas de ataque que trataron de partir en tres trozos a la flota combinada.

En ayuda del Victory, que estuvo unos minutos en franca desventaja, acudieron los navíos Temeraire y Neptune. El primero, haciendo honor a su nombre, fue el que logró cortar la línea, ocupando la banda de estribor del Santísima Trinidad, mientras el Neptune lo hizo por la de babor, por lo que el español se vio rodeado de enemigos que le batían por todos los costados, mientras que él apenas podía efectuar sus fuegos con efectividad, y sobre el Neptune sólo lo podía realizar con las bocas de fuego de popa, pues le tenía de enfilada. Además el navío insignia británico proseguía su ataque sin vacilaciones.

En el parte rendido por Uriarte, dice:

El Trinidad se mantuvo en defensa desesperada, hasta quedar arrasado de todos sus palos, cubierto de destrozos de ellos y de los de las vergas, masteleros, jarcia y velas, a más de haberse agotado la munición y muerta o herida más de la mitad de la tripulación.

Cuando fue retirado y puesto a cubierto del fuego enemigo, el general Hidalgo de Cisneros también estaba herido de gravedad, por lo que Uriarte mandó llamar al oficial comandante de la primera batería, que era el más antiguo de los que quedaban en pie, y previa consulta con todos ellos, decidieron rendir el ya inútil navío para tratar de evitar en lo posible que cayeran más hombres sin necesidad.

Fue apresado por los hombres del navío británico Prince, que lo marinaron y largaron un cabo para su remolque, pero estaba tan maltrecho, que por mucho que se esforzaron los británicos en salvarle, pues para ellos era una gran victoria conseguir a este navío, coloso de los mares, por lo que tuvieron que abandonarlo y se fue a pique, perdiendo así una gran oportunidad de guardar un recuerdo para la posteridad.

Fue llevado a Gibraltar con el resto de los apresados en el combate. Cuando al almirante Collingwood le llegaron noticias del apresamiento de cierto sable de honor que pertenecía a un valiente general español, ordenó realizar las averiguaciones oportunas al caso, por lo que le devolvió el sable, como testimonio honroso y prueba de estimación al valor español. El almirante británico también le hizo entrega de un cuadro, que representaba a la Patrona del Trinidad (eso sí, agujereado a balazos), rescatado del buque antes de que se fuera a pique, así como los restos de la bandera de España, que tan heroicamente había sido defendida. (Todos estos objetos están hoy custodiados por el Museo Naval, al que fueron donados por su esposa estando ya viuda).

El 9 de noviembre de 1805 se le otorgó el cargo de jefe de escuadra por los méritos demostrados en el anterior combate. En 1806 se le nombró Mayor General de la Armada y Consejero de Guerra, siguiendo en estos destinos, hasta que en 1808, por la invasión francesa, se produjo el alzamiento nacional contra los invasores franceses. Al ser ocupada la Villa y Corte por los ejércitos napoleónicos, presentó la dimisión de su cargo, que no le fue aceptada por el general Mazarredo, director general de la Armada. Fue invitado a presentarse en el Palacio Real y prestar el juramento de fidelidad al rey intruso José Bonaparte, por lo que al oficio recibido le contestó con otro, dirigido al que se lo había mandado, el director general de la Armada, que terminaba diciendo:

Ni mi honra ni mi conciencia me permiten renovar, acudiendo al mandato de V. E. juramento que tengo hecho a mi legítimo soberano y estoy pronto a perder mi empleo y mi vida, antes que acceder a lo que V. E. solicita en su oficio que dejo contestado.

Se puso inmediatamente en fuga, único medio de salir de la capital con vida, llegando a Sevilla y presentándose a la Junta Central. Esta le nombró jefe de la Junta de inspección de la Armada, a lo que él se negó a aceptar hasta que su conducta no fuera juzgada por un consejo de guerra. La Junta ya tenía constancia de su permanencia en Madrid, pero también de su comportamiento, por lo que no admitió su demanda, al ser conocedora de la defensa que había hecho, sin menoscabo del honor militar, por lo que le confirmó su nombramiento y en el cargo.

En 1809 se le nombró gobernador militar de la isla de León, y ocupando este cargo ordenó y dirigió el corte del famoso puente de Zuazo. Ordenó que, al ser desmontados los sillares, fueran numerados de tal forma que resultase más fácil su reconstrucción posterior. Dirigió muchos otros trabajos de fortificación, dejando muy adelantados los de Gallimeras y Sancti Petri, pero tuvo que dejarlo así porque el deber le obligaba a prestar otros servicios. Realizó la entrega de la plata que había podido conservar, aunque la Junta sólo pedía entregar la tercera parte de lo que buenamente se poseyera, para ayuda de los gastos de la guerra. En 1811 Uriarte se ofreció para el mando de armas, aunque sólo fuese el de una lancha cañonera, dice:

Sin consideración a su rango con renuncia a las gratificaciones propias del general embarcado y a parte de su sueldo.

Las Cortes le dieron oficialmente las gracias, pero éstas le entregaron el mando del Arsenal de La Carraca, baluarte que en aquellos momentos era la primera línea de fuego. Posteriormente pasó destinado como Gobernador político y militar de la plaza de Cartagena, así como su Capitán General. Otra prueba de su altruismo la dio en la primera ocasión en que llegaron fondos para el pago de salarios y atrasos: Uriarte renunció a la parte que le correspondía, que tenía un montante de unos treinta mil reales, a favor de los más necesitados. Fue ascendido a teniente general el 14 de octubre de 1814. En este mismo año renunció a la plaza de Consejero de la Guerra y se retiró con la pertinente licencia al Puerto de Santa María, fatigado por los sufrimientos físicos y morales sufridos durante la guerra de la Independencia, para intentar reponerse de su maltrecha salud. En 1816, algo repuesto de sus enfermedades, fue nombrado capitán general del departamento de Cartagena, poniéndose inmediatamente a intentar reparar los graves problemas por los que atravesaba la Armada. Dispuso la reparación de los edificios y la carena de los buques afectos a su jurisdicción, cargo en el que permaneció cinco años. En esta lucha contra tanta adversidad y pasividad de algunos, terminó por quebrantar su ya maltrecha salud, por lo que volvió a pedir licencia y en 1822 se retiró definitivamente al Puerto de Santa María, a disfrutar de un descanso más que merecido después de 49 de servicio. En premio a sus múltiples servicios prestados, el 16 de enero de 1836 se le ascendió a la máxima dignidad de la Real Armada como Capitán General, nombramiento que llevaba consigo el de presidente del Almirantazgo. Ello provocó una nueva acción de altruismo, pues renunció al exceso de sueldo que le correspondía durante la guerra civil, un nuevo donativo que ascendía a más de 19.000 duros (un duro era el equivalente a ocho reales de plata, con el mismo peso, que el duro de cinco pesetas y veinte reales de 1869). Falleció en su ciudad natal y en la propia casa que en 1753 le había visto nacer. Sus restos debieron reposar en el Panteón de Marinos Ilustres, mucho tiempo antes, pero la emotiva actitud de su viuda, que quería ser enterrada junto a él, dejó en suspenso el traslado, hasta que por iniciativa de S. M. don Juan Carlos I dispuso por Real Decreto de 28 de julio de 1983 el traslado de los restos del capitán general de la Armada don Francisco Javier de Uriarte y Borja, desde el cementerio de El Puerto de Santa María al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando.
En su lápida hay un inscripción, que dice:

AQUÍ YACE EL EXCMO. SR.

D. FRANCISCO JAVIER DE URIARTE Y BORJA
CAPITÁN GENERAL DE LA REAL ARMADA ESPAÑOLA
Y PRESIDENTE DEL ALMIRANTAZGO

AL MANDO DEL NAVÍO “SANTÍSIMA TRINIDAD”
RESULTÓ HERIDO EN EL COMBATE DE TRAFALGAR
EL DÍA 21 DE OCTUBRE DE 1805
AL ENFRENTARSE HEROICAMENTE
A CUATRO NAVÍOS INGLESES

GOBERNADOR MILITAR DE LA ISLA DE LEÓN
EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
Y CAPITÁN GENERAL DEL DEPARTAMENTO DE CARTAGENA
DESTACÓ EN LAS CAMPAÑAS DE ARGEL
SANTA CATALINA, ROSELLÓN Y TOLÓN
EXPLORÓ EL ESTRECHO DE MAGALLANES,
DONDE DESCUBRIÓ VARIOS ISLOTES Y PUERTOS.

MURIÓ EN EL PUERTO DE SANTA MARÍA
A LOS 89 AÑOS DE EDAD

EL DÍA 29 DE NOVIEMBRE DE 1842

viernes, 7 de octubre de 2011

Felipe Jado Cagigal




Jado Cajigal nació en la aldea de Término, localidad de Hoznayo, municipio de Entrambasaguas (Cantabria). Comenzó siendo niño la carrera de las armas, tanto que fue preciso pedir la correspondiente dispensa por edad. Empezó a servir como cadete en el Regimiento de milicias de Laredo, el 27 de enero de 1758. Fue ascendido a subteniente el 17 de mayo de 1766, siendo destinado al Regimiento del Príncipe. Durante dos veces ocupo el cargo de ayudante mayor del Regimiento, del que su tío don Manuel Cajigal era coronel. Cuando el Regimiento fue destinado a la plaza de Ceuta, inmediatamente destacó por su valor en el transcurso de varios combates con los moros. En uno de estos encuentros, en el barranco del Cañaveral, recibió su bautismo de sangre. Una vez recuperado de su herida, fue destinado a la plaza de Orán, donde en un combate en el apostadero de Capón, volvió a caer herido. Todavía no recuperado, regresó al combate, siendo herido nuevamente en el combate de la Meseta. El 1 de octubre de 1773 fue ascendido a teniente por el valor y arrojo demostrados en los diferentes combates. A pesar de su brillante historial en tierra, sintió la llamada de la mar, por lo que decidió prepararse para poder entrar al servicio de la Armada. Se presentó a examen para obtener la plaza, lo que realizó con absoluto éxito. De tal modo, el 28 de febrero de 1777 se le otorgaron los galones de alférez de navío. Embarcó por primera vez en la fragata Rosario, transbordando poco después al navío de línea San Pedro, asignado a la escuadra de Luis de Córdova. Embarcado en él participó en la Campaña del canal de la Mancha, combinada con la francesa del conde D’Orvilliers, que obtuvo pobres resultados: la retirada de la Royal Navy a sus puertos y la captura del navío británico de 74 cañones Ardent. En 1780 transbordó al navío Arrogante, que pertenecía a la escuadra del marqués del Socorro, con destino al apostadero de La Habana; en éste, se le ordenó transbordar al navío San Luis, saliendo en 1781 con la escuadra de José Solana en la expedición contra Pensacola, en la Florida británica. Tuvo un comportamiento de gran valentía en el desembarco del 22 de abril, siendo el primero en poner el pie en la playa enemiga. En ésta plaza, mantuvo varios combates contra los británicos y los nativos de la zona, que apoyaban a los enemigos; en uno de los asaltos que se realizaron, siendo también el primero en hacerlo a una trinchera, cayó herido de una pierna, pero se mantuvo en el combate, hasta que éste finalizó con la toma de la plaza. El 4 de agosto de 1781 fue ascendido a teniente de fragata por los méritos contraídos en estos combates. Su herida y el no dejarse ser atendido por permanecer en el combate, se pronosticó de grave, por lo que le llevó algún tiempo su recuperación. Ya en franca mejoría, se le comisionó a Santo Domingo. Totalmente restablecido, embarcó en el navío Dragón. En la travesía hasta La Habana participó en el rescate de una corbeta, que había sido apresada por los británicos, en las inmediaciones de Matanzas (29 de enero de 1784). El 15 de noviembre de 1784 fue ascendido a teniente de navío, prosiguió en la mar, embarcado en diferentes buques. Continuó su meritoria carrera en las Antillas, y el 23 de mayo de 1792 fue ascendido a capitán de fragata, regresando a la Península. Al año siguiente participó en la conquista de las sardas de San Pietro y San Antíoco, al apresamiento de la fragata Helena de 40 cañones y al incendio de su compañera, por orden de su comandante, para evitar caer en manos de los españoles y en el apoyo a los ejércitos, piamontés y napolitano, en las riberas del Var. A continuación participó en la conquista y defensa de Tolón, que llevaron a cavo las escuadras española y británica, al mando respectivo de Lángara y Hood. Jado Cajigal luchó con las fuerzas desembarcadas, que estaban al mando del capitán general don Federico Gravina. Como siempre se ofrecía voluntario para los combates y a ser posible en los de mayor peligro, estuvo presente en cinco combates generales y en más de cuarenta parciales, acudió a la defensa de los fuertes de Balaguer, Mulgrave y San Luis, por esta acometividad también vertió su sangre, pues entre todos ellos recibió una herida grave en la cara, dos golpes de sable en la cabeza, más cinco contusiones, por lo que tuvieron que embarcarlo, estando gravemente herido en el navío Santa Isabel, con destino al arsenal de Cartagena. De nuevo ya con sus facultades recuperadas, fue destinado al departamento de Ferrol. El 1 de septiembre de 1794 fue ascendido al grado de capitán de navío; estando al mando de diferentes de ellos, pero siempre sin dejar la mar. El 5 de octubre de 1802 fue promovido al grado de brigadier, pasando a desempeñar el cargo de comandante general del Arsenal de Ferrol.

Cuando se armó en éste arsenal la escuadra al mando del general Grandallana, con fecha 14 de mayo del año de 1805, se le otorgó el mando del navío San Agustín de 74 cañones. Al reunirse las escuadras del almirante Villeneuve y del general Gravina, en la ría de Ares, su navío pasó a formar parte de la combinada. De tal modo, el navío de su mando, el San Agustín, tuvo un papel muy destacado en el combate naval de Trafalgar. El San Agustín, con 711 hombres a bordo, formó a la cola de la flota hispano-francesa. Ésta hubo de volverse por el acecho de los navíos ingleses, lo que dejó al San Agustín situado en la vanguardia del ataque aliado. Cuando la columna del almirante Nelson se aproximó a la escuadra combinada, llegando al alcance efectivo de la artillería, el San Agustín fue el primero el abrir fuego sobre el HMS Victory, célebre buque insignia de Nelson. En su informe sobre el desarrollo del combate, escrito cuando tanto Cagigal como Gravina estaban en Cádiz, convalecientes de sus heridas, dice:

"En cuyo instante ordené que se rompiera el fuego, que efectivamente se practicó en todas las baterías con serena prontitud y actividad y a mi parecer con conocido acierto.
Duró hasta las dos y media poco más o menos, hora en que habiendo desfilado toda la línea enemiga y atacado al navío Trinidad, cortando el centro por aquella parte y abrumándole sobre manera, que mandé pasar la gente a estribor, y por señal del Trinidad, de arribar y sostenerle en su desventaja, así lo ejecuté, dirigiéndose directamente sobre un navío de tres puentes que se batía por estribor, a quien a las primeras descargas, hechas con todo ardor y acierto, rompimos parte de sus vergas; que al fin, rendido el Trinidad, se emplearon contra el San Agustín dos navíos de tres puentes por babor y estribor le combatían, tomando las aletas y enfilando todas sus baterías."

El navío español quedó rodeado por varios buques de la escuadra comandada por Lord Nelson: el HMS Leviathan, el HMS Conqueror, el HMS Africa y el HMS Britannia. Combatió con dureza durante horas, repeliendo dos abordajes a costa de gran número de bajas. Se mantuvo en el combate hasta las 17:30, cuando ya era atacado por cinco navíos enemigos. Estando ya desarbolado, con un gran número de vías de agua y casi toda la dotación o muerta o herida, sólo entonces fue cuando el San Agustín cedió al ataque enemigo. Aclaraba Jado Cajigal:

"Hora en que fue preciso ceder a tanta superioridad y a dos repetidos abordajes, que al tercero ya no pudo oponérseles suficiente gente por hallarse ocupada en las baterías la poca que restaba, continuando el fuego contra los otros buques que se estrechaban a tiro de pistola."

Realizado el tercer abordaje, los británicos conquistaron el castillo y el combés, pero Cagigal estaba en la toldilla, con la poca gente que le quedaba, defendiendo la bandera. Los británicos se dieron cuenta del mal estado del buque, pues al pasar por las bombas de achique se apercibieron de la mucha cantidad de agua que hacía el navío, por lo que ellos mismos pidieron parar el combate. Sin embargo, Cagigal no se avino a permitirlo, hasta que los británicos no consintieron en concederle que el pabellón del buque no fuera arriado y que se hundiera con el San Agustín. Al llegar a este acuerdo, los españoles junto a los británicos se pusieron a trabajar, con todas sus fuerzas, para tratar de impedir el que el navío se fuera a pique, pero viendo que entraba más agua de la que ellos lograban sacar con las bombas, decidieron abandonar el buque. Para entonces, el balance de bajas en el navío era de 180 muertos y 200 heridos. Esa misma noche, terminó por quedarse mocho, pues se le cayeron los pocos restos de arboladura, incluido el bauprés. A continuación, el San Agustín fue incendiado en reconocimiento a su extraordinario comportamiento en el combate, evitando así ser presa del enemigo. En el ya mencionado parte, añade Cagigal: "Según he visto con placer, ya que mi constancia no bastó a librarle o sumergirle en la acción, de lo que no estuvo muy distante." Cajigal pronto fue canjeado, pasando de Gibraltar al departamento de Cádiz. El 9 de noviembre, reconocidos sus méritos, valentía y buen hacer en el combate, fue ascendido por méritos de guerra al grado de jefe de escuadra. Cuando llegó el histórico día del 2 de mayo de 1808, Cagigal se encontraba en Galicia, cuando supo la noticia inmediatamente, se presentó al general Joaquín Blake para combatir al invasor francés. Blake le nombró mariscal de campo, entregándole el mando de una de las cuatro divisiones que formaban parte de su cuerpo de ejército, dándose la casualidad de que otra de las divisiones de este cuerpo estaba al mando de un brigadier de la Armada, veterano de Trafalgar, Joaquín Riquelme. Con su división participó en la batalla de Espinosa de los Monteros y la de Villafranca del Bierzo, en la que resultó herido. El 23 de febrero de 1809 fue ascendido a teniente general, pero continuó prestando sus servicios en el ejército de tierra hasta la expulsión de los franceses de territorio español. Por el conjunto de sus méritos y lo acertadas de sus disposiciones, fue condecorado, con la recientemente creada condecoración por las Cortes de Cádiz, la Cruz Laureada de San Fernando de Tercera Clase. El 23 de septiembre del año de 1820, estando ya en situación de retiro, fue nombrado capitán general de Ferrol, su arsenal, departamento y zona marítima. Falleció en ésta ciudad y en posesión de su cargo a la edad de setenta y seis años.

domingo, 2 de octubre de 2011

Francisco Gil de Taboada Lemos y Villamarín


Francisco Gil de Taboada Lemos y Villamarín (Santa María de Soutolongo, 1736 - Madrid, 1809) fue un noble, político, militar y marino español, IX virrey de Nueva Granada (1789), 32º virrey del Perú (1790-1796) y XIº capitán general de la Real Armada Española.

A los 16 años de edad se convirtió en caballero de San Juan de Jerusalén, orden en la que llegó a ser Gran Cruz y bailío, comendador de Porto Marín y prior del Serenísimo Infante don Pedro también luchó contra Jampier quien derroto una vez. Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz el 27 de octubre de 1752. Fue ascendido a alférez de fragata el 23 de diciembre de 1754, a alférez de navío el 12 de abril de 1760, a teniente de fragata el 8 de abril de 1765 y a teniente de navío el 3 de septiembre de 1767. Durante estos mandos estuvo embarcado en diferentes buques, haciendo cruceros por el Mediterráneo y los océanos Atlántico y Pacífico. Ascendió a capitán de fragata el 22 de octubre de 1770. Con este mando se le nombró gobernador de las islas Malvinas, pero no llegó a desempeñar su cometido por haber sido ascendido a capitán de navío el 17 de febrero de 1776, siendo nombrado capitán de la recién creada Compañía de Guardiamarinas del Departamento de Ferrol, cargo que desempeñó durante algunos años. Fue ascendido a brigadier el 19 de junio de 1781, siguiendo en el cargo anterior; a jefe de escuadra, el 21 de diciembre de 1782 y a instancias de Antonio Valdés, ministro de Indias, a finales de 1788 fue nombrado virrey, gobernador y capitán general del nuevo reino de Granada y presidente de la audiencia de Santa Fe. Ascendió a teniente general el 4 de marzo de 1789. Con este grado, pasó en 1790 a virrey del Perú y presidente de la audiencia de Lima. A su regreso a España pasó con éxito por el Juicio de residencia, donde unos secretarios y un tribunal especial analizaban todas las actuaciones de su gobierno como tal virrey, con arreglo a lo establecido en las Leyes de Indias. En estos juicios nada quedaba sin investigar, hasta cuadrar la última cuenta, dándose el caso de durar varios años. Fue nombrado consejero del Consejo Supremo de Guerra y, sin dejar este alto cargo, desempeñó otros, también importantes, del ramo de la Marina. En 1799 fue nombrado director general de la Armada, primero con carácter interino y después en propiedad. El 6 de febrero de 1805, al ser designado el general Domingo Grandallana para el mando de la escuadra de Ferrol, se encargó interinamente a Gil de Taboada de la secretaría de Estado y del departamento de Marina. Por real decreto del 9 de noviembre del mismo año, fue ascendido a capitán general de la Real Armada. Se considera en el decreto que por sus méritos debe de ser ascendido: "al tiempo que S. M. premia el mérito de los combatientes de la escuadra del general don Federico Gravina". Se le confirmó en propiedad, como ministro de Marina, por real decreto del 22 de abril de 1806. También siguió desempeñando la dirección general de la Armada hasta 1807, en que se dispuso que en sustitución de dicho cargo se crease el empleo de inspector general de Marina. Ejerciendo todos estos altos cargos sobrevino el Motín de Aranjuez y los graves sucesos que le siguieron, entre ellos la abdicación del rey Carlos IV en su hijo Fernando VII. Gil de Taboada, como los demás ministros, fue ratificado en el ejercicio de su cometido y en él continuó hasta la salida del rey hacia Bayona. Para actuar durante la ausencia del monarca se formó una junta, compuesta por los ministros y presidida por el infante don Antonio, tío de Fernando VII. El conde de Toreno, en su comentario sobre la junta, se expresa de la siguiente manera: Continuó al frente de la marina don Francisco Gil de Taboada y Lemos, anciano respetable, de carácter entero y firme. Esta cualidad pronto hubo de manifestarla oponiéndose al deseo del gran duque de Berg de que le fuese entregado Godoy, que se hallaba confinado en el castillo de Villaviciosa para ser sometido al fallo de un tribunal. Previendo que la junta de ministros pronto sería anulada por la presión de los invasores, Gil de Lemos lanzó la idea de que fuese sustituida por otra, reunida fuera de Madrid. Cuando los franceses obligaron al infante don Antonio a salir hacia Bayona después de la explosión popular del 2 de mayo, escribió a Gil de Taboada una carta instándole a que la junta siguiese por los mismos cauces trazados para evitar males mayores. Pero el 4 de mayo Murat quiso presidirla, asistiendo algunos de los miembros, que al fin cedieron. No así Gil de Taboada, que se mantuvo firme, presentando su dimisión y retirándose a su domicilio. Al ser evacuado Madrid por los franceses después de la victoria española sobre los ejércitos imperiales en Bailén, Gil de Taboada juró de nuevo su cargo el 29 de septiembre de 1808 en Aranjuez, donde se reunió la Junta Central como depositaria del poder supremo de la nación durante la ausencia del Rey. Cuando entraron de nuevo los ejércitos franceses en la capital de la nación, Madrid, se instó a que pasase a prestar juramento ante el rey intruso José Bonaparte. Se negó a ello con entereza, quedando expuesto a las represalias, ya que su avanzada edad -era octogenario- le impedía fugarse. Aunque algunos ministros del corso instaron al monarca a que persiguiese a Gil de Taboada, el Rey se negó, prohibiendo se molestara a tan valiente anciano. Cuando falleció al año siguiente, 1809, la guarnición francesa de Madrid le tributó los honores fúnebres que le correspondían por su alta dignidad. Un destacado descendiente suyo en América es el escritor chileno Antonio Gil Iñiguez y los caudillos argentinos y gobernadores de Santiago del Estero Antonino Taboada y Manuel Taboada.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Francisco Cabarrús



Francisco Cabarrús Lalanne (Bayona, Francia, 1752 - Sevilla, 27 abril de 1810), fue un financiero de origen francés y naturalizado español. Hijo de Domingo Cabarrús Fourcade, propietario de una casa de comercio en la ciudad francesa de Bayona. Cuando tenía 18 años, su padre le envió a Zaragoza (España) para que completase su formación como negociante en casa de un francés que había triunfado en la capital aragonesa. Se casó con la hija de su anfitrión, Antonia Galabert Casanova, y se establecieron en Carabanchel Alto (Madrid). De este matrimonio nació Teresa Cabarrús. Sus cualidades para las finanzas y su visión ilustrada de la sociedad le granjearon la amistad de Gaspar Melchor de Jovellanos y de los condes de Campomanes, Floridablanca y Aranda. A Cabarrús se debió la idea de emitir vales reales para hacer frente a los gastos de la guerra con Reino Unido (1779-1783), y en 1782 el proyecto de creación del Banco de San Carlos, primer banco nacional español. En 1789 Carlos IV le otorgó el título de conde de Cabarrús. Creó asimismo la Compañía de Comercio de Filipinas e inició el Canal de Cabarrús, hoy en día Canal de Isabell II. Se interesó también en varios proyectos para la apertura de canales de navegación, que nunca se completaron. Uno de ellos fue el Canal de Guadarrama, con la pretensión de abrir una vía navegable desde Madrid hasta el Atlántico, vía la conexión con el Gualquivir. Igualmente se interesó por hacer navegable el río Llobregat en Barcelona y así dar impulso a la zona, siguiendo los buenos resultados obtenidos en Francia con el canal del Midi y el canal del Languedoc. Su carrera se vio alterada por la enemistad con importantes personajes políticos. Cuestionado por sus ideas y por un supuesto fraude, fue encarcelado en 1790. Dos años más tarde, cuando recobró la libertad, volvió a ocupar altos cargos durante los reinados de Carlos IV y José I Bonaparte. En 1809 José Bonaparte lo nombró Caballero Gran Banda de la Orden Real de España, máximo rango de la máxima condecoración que podía lucir un afrancesado. Murió en Sevilla en 1810, siendo ministro de Finanzas con José I Bonaparte. Fue enterrado en la Capilla de la Concepción de la catedral de Sevilla, en panteón próximo al del Conde de Floridablanca. En 1814, acabada la Guerra de la Independencia, su cadáver fue exhumado y precipitados sus huesos en la fosa común del Patio de los Naranjos, donde se enterraba a los reos de pena capital. Según otras versiones, sus huesos fueron arrojados al Guadalquivir.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Pepita Tudó




Josefa Petra Francisca de Paula de Tudó y Catalán, Alemany y Luesia, más conocida como Pepita Tudó o Josefina Tudó (Cádiz, 19 de mayo de 1779 – Madrid, 20 de septiembre de 1869) es famosa por su prolongada (y polémica) relación con el político Manuel Godoy.
Huérfana del artillero de Cádiz Antonio de Tudó y Alemany, vive desde los 16 años (junto con su madre Catalina y sus hermanas Magdalena y Socorro) en la casa de Manuel Godoy, a la que había acudido su madre reclamando los pagos atrasados de viudedad.

Pepita era amante de Manuel Godoy ya en 1800, pero la reina obligó a éste a que contrajera matrimonio con la princesa María Teresa de Borbón (matrimonio por otra parte muy favorable a Godoy en lo socioeconómico). En 1828 al fallecer María Teresa pudieron oficialmente contraer nupcias Pepita Tudó y Manuel Godoy, si bien se considera que habían realizado años antes un matrimonio secreto. En 1805 naEn 1807, a instancias del influyente Godoy, Carlos IV concedió a Josefina Tudó los títulos de condesa de Castillo Fiel y vizcondesa de Rocafuerte.

En el transcurso de los años y ya casados y establecidos en París Pepita Tudó y Manuel de Godoy, en un informe secreto de la policía francesa atribuye a "Madame Godoy" en 1831, suntuosas joyas ampliamente exhibidas en brazos y generoso escote, por valor de más de 4 millones de francos. Godoy habia puesto todos sus bienes (por prudencia) a nombre de Pepita Tudó, la cual arrendaría un palacete en la calle Saint-Honoré y una amplia casa campestre en Montigny. Asimismo obtuvo un préstamo de 600.000 francos del parisiense Banco Rollac, garantizado con parte de unas joyas no de su propiedad, sino de unos compatriotas amigos refugiados en Francia. En 1834, ya muerto Fernando VII, la Tudó volvió a Madrid para negociar la restitución de los bienes de Godoy.

El dramaturgo español Ceferino Palencia escribió la novela Pepita Tudó inspirándose en este personaje. Aunque quizás lo más interesante de Josefina Tudó es que, con altísimas probabilidades, es ella la retratada en los justamente célebres cuadros de Goya: La maja vestida y La maja desnuda.ce el hijo de ambos, Manuel, y en 1807 un segundo hijo, Luis.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Valentín Ferraz y Barrau



Valentín Ferraz y Barrau (Anciles, Huesca, 14 de febrero de 1792- El Escorial, Madrid, 31 de agosto de 1866) fue un militar y político español, que ocupó importantes cargos en la España isabelina, incluida la presidencia del Consejo de Ministros. Nació en una familia noble, documentada en el Valle de Benasque, Huesca, desde el siglo XII, a la que han pertenecido ilustres clérigos, políticos, juristas y militares. Era sobrino de Antonio Cornel y Ferraz, ministro de la Guerra de Carlos IV; y primo hermano de José Ferraz y Cornel, ministro de Hacienda en 1840, y de Francisco Javier Ferraz y Cornel, teniente general y presidente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina.En 1808 sentó plaza como cadete en el Regimiento de Dragones del Rey al comienzo del Segundo Sitio de la ciudad de Zaragoza, durante la invasión napoleónica, fue hecho prisionero tras la rendición de la plaza luego de dos meses de feroces combates en las calles de la ciudad, logró sin embargo fugar y reintegrarse al ejército español lo que le valió el ascenso a alférez en 1809. Ese mismo año hizó la campaña de Valencia, amenazada por el ejército francés del mariscal Louis Gabriel Suchet, tomó parte en los constantes combates y escaramuzas que se sucedieron hasta la caida de la plaza de Valencia, sin embargo la retirada de la mayor parte de las tropas francesas para la campaña de Rusia y la ofensiva de Wellington desde Portugal, permitieron a los aliados expulsar a los franceses de España, encontrándose el regimiento de Ferraz en los campos de la Mancha donde tuvo ocasión de distinguirse en los combates que precedieron a la expulsión francesa y la firma de la paz. Finalizada la contienda con el grado de teniente, solicitó destino en América donde los ejércitos reales se enfrentaban a los independentistas.

En 1815 Ferráz fue destinado al regimiento Cazadores del Rey, el cual había sido destinado al Depósito de Ultramar y debía partir para el Perú con el objeto de formar la escolta del nuevo General en Jefe del Ejército del Alto Perú, el brigadier José de la Serna, en cuya compañia se embarcó en Cádiz el 8 de mayo de 1816 a bordo de la fragata La Venganza. Ascendido a capitán y al mando de 4 oficiales y 46 soldados de su regimiento desembarcó en el puerto peruano de Arica el 8 de septiembre del mismo año de donde tras reunir los caballos y suministros necesarios para la campaña pasó al frente de guerra altoperuano para reunirse con el ejército real en su cuartel de Cotagaita, sobre la base de esta tropa europea sería creado en 1817 el escuadrón de Granaderos de la Guardia con una fuerza original de 78 hombres de la que Ferraz era jefe y a cuyo mando hizo las campañas de Tarija, Jujuy y Salta, recuperando los territorios que habían sido ocupados por los independentistas argentinos. El buen desempeño del cuerpo de Ferraz haría que este dejara de ser uno de escolta para convertirse en un regimiento de línea que llegó a tener cuatro escuadrones y dos compañías de batidores y tiradores con un total de 600 hombres. De los granaderos de la guardia, por su instrucción, brillantez y disciplina, decía el general Juan Ramírez Orozco "tal vez habrá muy pocos en la Península", mientras que Baldomero Espartero iba más alla y señalaba que "no cedía en nada los mejores de Europa". Tales elogios provenientes de dos veteranos oficiales europeos evidencian las dotes de Ferraz como oficial de caballería y su disposición para el mando.1 Con motivo de la invasión del general San Martín al corazón del virreinato peruano en 1820, los granaderos de Ferraz abandonaron el Alto Perú para dirigirse a Lima, durante el trayecto tuvieron que atravesar 700 leguas muchas veces por provincias sublevadas como Huamanga, Huancavelica y Tarma, sufriendo el constante acaso de las guerrillas y montoneras locales; reincorporado al ejército del bajo Perú el ya comandante Ferraz tuvo ocasión de distinguirse en la incursión que el general Canterac dirigió sobre la sitiada fortaleza del Callao y en los demás hechos de armas que tuvieron lugar esos años durante los cuales ascendió a Brigadier. En septiembre de 1823 el virrey la Serna lo nombró Comandante General de la Caballería del Ejército del Sur, conservando además el mando de su regimiento. El más significativo hecho de armas que protagonizaría sería el combate de Arequipa donde al mando de sus granaderos, Ferraz derrotó a la caballería independentista superior en número y mandada por experimentados oficiales europeos veteranos ambos de la guerras napoleónicas, el francés Pedro Benigno Raulet y el inglés Guillermo Miller. Este combate no solo permitió la recuperación de la importante plaza de Arequipa sino que también reanimó al resto de la caballería realista que se encontraba desmoralizada tras haber sido batida en la batalla de Zepita por los húsares de la Legión Peruana. Por esta intervención Ferraz recibiría años más tarde la más preciada de las condecoraciones militares españolas: la Laureada de San Fernando. EL regimiento de Ferraz no tendría sin embargo la oportunidad de participar en la importante batalla de caballerías ocurrida a orillas del lago Junín, esto debido a que la sublevación del ejército altoperuano de Olañeta obligó al virrey a mandar contra él al ejército del sur al mando de Valdés, tras sangrientos combates en los cuales el regimiento de Ferraz fue diezmado, la campaña hubo de ser abandonada para volver al Cusco donde el virrey reunía a su ejército para la lucha final contra Sucre. El 9 de diciembre de 1824 el bri8gadier Ferraz comandó a la caballería realista en la batalla de Ayacucho, la carga que realizó y en la cual fue muerto de un disparo el caballo que montaba no logró impedir la derrota y dispersión del ejército del virrey, debío la vida a un soldado indígena2 de su regimiento que en medio de la precipitada retirada y bajo el fuego enemigo le cedió su montura, permitiéndole retirarse del campo. Comprendido en la capitulación de Ayacucho se embarcó para la península poco después, le acompañaban unos pocos subalternos con los que había llegado al Perú 9 años atrás.
Regresó a España en 1825, impulsando su carrera profesional a la sombra del general Baldomero Espartero hasta las más altas instituciones, fiel siempre a sus ideas liberales: teniente general de los Ejércitos, director general del arma de Caballería, inspector general de la Milicia Nacional, vocal de las juntas consultivas de Guerra y Ultramar, diputado y senador del Reino por la provincia de Huesca, alcalde de Madrid, ministro de la Guerra en cuatro ocasiones y presidente del Consejo de Ministros en las últimas semanas de la regencia de María Cristina de Borbón. Especialmente reseñable es el periodo en que estuvo al frente de la Dirección General de Caballería. Su tarea en este período fue una auténtica demostración de iniciativa, actividad y dotes de mando, circunstancia que, unida a la creación de una academia estable para el Arma en Alcalá de Henares, le ha hecho merecedor del sobrenombre de Regenerador de la Caballería española. En 1865, un año antes de su fallecimiento, la madrileña calle de San Marcial, comprendida entre la plaza de España y el paseo de Moret, pasó a denominarse Valentín Ferraz, nombre que mantiene en la actualidad. En su número 70 moriría en 1925 el fundador del Partido Socialista Obrero Español, Pablo Iglesias, edificio donde tiene hoy su sede principal la formación política y motivo por el cual el apellido de Valentín ha hecho marquismo en la opinión pública y los medios de comunicación.


miércoles, 8 de junio de 2011

Luis Lacy y Gautier



Nació en el campamento ciudad de San Roque, Cádiz, el 11 de enero de 1772. Procedía de dos familias irlandesa y francesa ligadas militarmente a España desde hacía varios años. En 1738 su abuelo paterno Guillermo de Lacy era coronel del Regimiento de Infantería Ultonia e inspector de los tres regimientos de Infantería irlandesa: Irlanda, Ultonia e Hibernia. En el momento de su nacimiento, su padre, Patrick de Lacy Gould, era Sargento Mayor (comandante) de uno de los regimientos que bloqueaban por tierra la plaza de Gibraltar. La familia materna procedía de la región del Suroeste, al norte de los Pirineos, algunos de cuyos miembros habían sentado plaza en los regimientos de Infantería walona antes incluso de que la Revolución Francesa les obligase a emigrar a España. Sus tios maternos, Juan y Francisco Gautier eran oficiales del antiguo Regimiento de Infatería de Bruselas, denominadoya en aquel tiempo Regimiento de Borgoña, aunque coloquialmente era conocido como la Guardia walona.

Primeras experiencias de combate: Puerto Rico (1785) y el Rosellón (1794)

Con ocasión de una expedición a Puerto Rico en la que formaba parte el regimiento de la Guardia walona en 1785, sus tíos Juan y Francisco se llevaron a su sobrino Luis, que sentó plaza en el regimiento el 4 de noviembre de 1785 con tan solo 13 años de edad. Durante la campaña dió muestras de una inusitada intrepidez y temeridad que le llevaba a luchar siempre en primera línea, por lo que en reconocimiento de ello fue promovido el 29 de octubre de 1786 al grado de Subteniente de Infantería; tenía tan solo 14 años. De regreso a España al finalizar la guerra contra Inglaterra, llegó a su conocimiento que se estaba organizando una expedición hacia las islas Molucas. Al comprobar que no tenía plaza en ella como oficial, su espíritu aventurero le empujó a enrolarse como simple soldado, amenazando con desertar si no conseguía su propósito. Para ello marchó del Ferrol hasta Oporto, sin dinero, para embarcarse en un navío holandés. Finalmente uno de sus tíos le detuvo, convenciéndole para regresar a España, pues había ascendido a Capitán del regimiento de Ultonia.

En enero de 1794 marchó con su regimiento al ejército de operaciones contra los franceses en la zona del Rosellón, de donde regresó al firmarse la paz de Basilea. Durante las operaciones destacó por su intrépido valor en varias acciones de combate.

Desaveniencias y marcha al ejército francés (1799-1807)

El 31 de diciembre de 1798 el capitán Lacy fue destinado a las islas Canarias. Sus aventuras amorosas le indispusieron con sus jefes y a ser desterrado a la isla de Hierro. Pero su carácter violento le llevó a escribir a su superior unas cartas insultantes. Este le formó un consejo de guerra por insubordinación, y fue condenado a un año de prisión en el penal del fuerte de La Concepción de Cádiz y la expulsión del Ejército. La prisión le exaltó aun más, y al salir fue considerado loco y se le dio el retiro.

Una vez libre en 1803, en septiembre de ese mismo año marchó a Francia para alistarse en el 6º Regimiento de Infantería de Línea, recibiendo veintinueve días después el empleo de capitán de la Legión Irlandesa que estaba organizándose en Morlaix para luchar contra Alemania. Poco después de caso en Quimper con una joven del país llamada Emilia Dugueurmeur, que le siguió durante sus campañas de Berlín, Flesinga, etc. En 1807 fue nombrado jefe de batallón, y poco después recibió la orden de incorporarse a una legión destinada a España. Lacy solicitó el cambio de destino, pues no deseaba luchar en su país de origen.

Primeros combates contra los franceses (1808-09)

Al llegar a Madrid, se encontró con los sucesos del 2 de mayo de 1808; Lacy entonces se sintió verdaderamente español, desertó de su unidad francesa, se dirigió a Sevilla, se presentó ante la Junta Central y solicitó el reingreso en el Ejército español. Fue admitido con el grado de capitán. El 24 de septiembre de ese año se le ascendió a Teniente Coronel y se le asignó el mando del Batallón Ligero de Ledesma, con el que pasó a Uclés y se encontró en la acción de Bubierca del 23 de noviembre de 1808.

El 24 de enero de 1809 ascendió a Coronel, y el 3 de julio a Brigadier; tenía 37 años. Durante la guerra ostentó diversos cargos, en alguna ocasión de forma simultánea, tal y como sucedió cuando era Brigadier, que al mismo tiempo se le asignó el cargo de Subinspector de Infantería, Jefe de Estado Mayor y Comandante General de la Isla de León.

Encuadrado en el ejército del general don Juan Carlos de Areizaga, mandaba la 1ª División. El 10 de noviembre de 1809, la división de Lacy auxilió a la caballería del general Freire que, saliendo de Tembleque, desalojó de Ocaña a los franceses, que se replegaron hacia Aranjuez. Nueve dias después, el 19 de noviembre, el brigadier Lacy se convirtió en uno de los héroes de la batalla de Ocaña. Gómez Arteche afirma lo siguiente:

"Todavía recordamos que al levantar el plano de aquel campo (Ocaña) en 1848, cuantas personas nos favorecieron con sus noticias, se hacían eco de la opinión de sus viejos convecinos que, con rara unanimidad, proclamaban a Lacy como el que más había resistido la entrada de los enemigos en Ocaña."

En una de las fases de la batalla, al realizar los generales españoles un cambio de frente para impedir los efectos de un movimiento envolvente realizado por las tropas francesas de Sebastiani, la 1ª División de Lacy se distinguió sobre las demás por la serenidad con la que maniobraron sus cuerpos en circunstancias tan críticas. En la ofensiva que siguió, el propio brigadier Lacy avanzó intrepidamente, apoderándose de dos cañones, hiriendo al general Leval y matando a uno de sus ayudantes.

Expediciones por Andalucía y Cádiz (1810)

El 16 de marzo de 1810 Lacy fue ascendido a Mariscal de Campo; tenía 38 años. En el verano de aquel año la Regencia adoptó el sistema de enviar expediciones por mar a las comarcas vecinas de Cádiz, sitiada por los franceses, para fomentar la insurrección. La primera fue mandada por el general Lacy, que embarcó el 17 de junio al frente de una columna de 3000 soldados rumbo a Ayamonte, aunque el destino real de su expedición era Algeciras. Una vez desembarcado, trató de tomar la ciudad de Ronda y fortificar ciertos puntos de la serranía, pero los refuerzos enviados por Víctor y Sebastiani impidieron su propósito y obligaron a Lacy a refugiarse en Casares. No obstante, su sola presencia bastó para infundir ánimos en los vecinos y en los jefes de las partidas de guerrilleros. Salió de Casares para atacar y recorrer la zona de Marbella, hasta que fue atacado por un numeroso contingente de tropas enemigas, que le obligó a regresar a Cádiz, donde entró el 22 de julio.

El 23 de agosto de 1810 embarcó de nuevo en Huelva al frente de otros 3000 hombres; su misión esta vez fue la de movilizar tropas enemigas frete a él e impedir que reforzasen el ejército de Massena, que estaba comprometido en Portugal frente al inglés Wellington. De regreso en Cádiz, el 29 de septiembre realizó una afortunada salida camino del puente de Zuazo, logrando destruir algunas obras de los sitiadores.

La guerra en Cataluña (1811-12)

En junio de 1811 la Regencia le nombró Capitán General de Cataluña, para sustituir al marqués de Campoverde, cuyo prestigio había sufrido un duro revés al perder la ciudad de Tarragona. El 9 de julio tomó posesión de su cargo en Vich, situando a sus tropas y a la Junta en Solsona, mientras encomendó a su segundo, don Joaquín Ibañez Cuevas, barón de Eroles, la defensa de la montaña y el monasterio de Monserrat. Al amparo de las fortalezas de Cardona y La Seo, el general Lacy emprendió la tarea de organizar y disciplinar el ejército, infundiendo nuevos ánimos al espíritu de los soldados españoles. A este fin, el 15 de julio publicó una proclama en la que, reconociendo lo crítico de las circunstancias, manifiesta tener los elementos necesarios para seguir la lucha; y el 25 de agosto declaró en un manifiesto fechado en Vich que prefería morir con el último soldado a abandonar su puesto, en contestación a ciertos rumores aparecidos sobre su hipotético abandono del Principado.

Además de ser el alma de la lucha en Cataluña durante los últimos años de la guerra, Lacy también prestó servicios para la defensa del reino de Valencia. Al tomar posesión de su cargo, envió a este reino numerosos jefes y oficiales excedentes, y 500 jinetes sin monturas. Además, con la movilidad que tenían sus tropas impidió a los franceses sacar sus tropas del Principado, pues las mantenía en un constante estado de alerta.

Antes de iniciar las operaciones puso en estado de defensa Solsona y las plazas de Cardona y La Seo, y fortificó ciertos puntos elevados de la sierra de Busa, no muy lejos de Berga, constituyendo de este modo un sitio seguro donde instruir y adiestrar a los reclutas.

En el mes de julio de 1811 rompió la línea de defensa Barcelona-Lérida establecida por los franceses, y en el mes de agosto penetró en la Cerdaña francesa por el valle de Querol. Una vez en suelo francés rechazó la fuerza que trató de oponersele e incendió varios pueblos como represalia a los incendiados por los franceses en Cataluña. En su avance llegó hasta Ax, localidad en la que entró e impuso tributos. Esta breve campaña sembró la alarma y el espanto en el territorio enemigo, y fue de un gran efecto moral en Europa, ante la cual los invadidos apareieron como invasores.

De regreso a sus cuarteles, Lacy resolvió apoderarse de las islas Medas, situadas en la desembocadura del río Ter. El 29 de agosto el barón de Eroles acompañó al coronel británico Green a un desembarco en las islas:

"Tomaron y destruyeron el fuerte que los franceses allí tenían; los ingleses creyeron conveniente abandonarlas volando el castillo, pero Lacy, que no opinaba como ellos, se embarcó en persona (11 de septiembre), las reconquistó arrojando a los franceses, restableció el castillo, puso a las islas el nombre de la Restauración, y se volvió, dejandolas en disposición de resistir a las tentativas de los enemigos." (Modesto Lafuente)

A uno de los baluartes del castillo lo llamó Montardit, en homenaje al guerrillero del mismo nombre fusilado por los franceses.

El 4 de octubre atacó al enemigo en Igualada, causándole 200 bajas y obligándole a refugiarse en un convento de capuchinos, que después tuvieron que abandonar. Tras esta acción se presentó en Berga a la Junta del Principado, que reclamaba su presencia.

En otoño el mariscal Macdonald fue sustituido por el general Decaen en el mando de las tropas francesas en Cataluña. El nuevo general preparaba en el Ampurdan un considerable convoy para abastecer Barcelona a primeros de diciembre. Lacy decidió atacar el convoy. No pudo impedir el paso del mismo debido a la inferioridad numérica de sus tropas; sin embargo, decidió enfrentarse a las tropas de escolta del convoy en su viaje de regreso. Para ello, les esperó en las alturas de la Garriga. El general Decaen se presentó el 5 de diciembre al frente de 5000 soldados, 400 jinetes y 4 cañones. Fueron vigorosamente atacados por el general Lacy, cuyas tropas desorganizaron a los franceses, siendo perseguidos por sus subordinados Casas y Manso hasta Granollers. Los franceses se vieron obligados a dar la vuelta por San Celoni y dejar libre la ciudad y comarca de Vich.

Los éxitos de Lacy y su manera de guerrear levantaron el entusiasmo de los catalanes, y el número de guerrilleros nacidos gracias a sus esfuerzos y a los de su segundo, el barón de Eroles, hizo que los franceses no pudiesen disfrutar de un momento de tranquilidad, costándoles gran trabajo comunicarse entre sí y con Francia.

En enero de 1812 Lacy se situó en Reus, amagando atacar Tarragona. Aprovechó un descuido del general Laforce, que había sido enviado desde Tortosa para observar sus movimientos, para caer el 19 de enero sobre un batallón que el general francés había dejado en Vilaseca, copándolo por completo con su coronel, Dubarry, a la cabeza. Entonces Lacy supo que el general Decaen se dirigía desde Olot hacia Vich, y marchó hacia esta última ciudad para socorrerla. En lugar de marchar por el llano y exponerse a un combate en desventaja, se detuvo el 26 de enero en la posición de Colluspina, y al amanecer del 27 marchó hasta Moyá al ver que el enemigo no se movía. Allí supo que los franceses habían avanzado hasta Tona, Centellas y San Feliú de Codinas, por lo que Lacy se dirigió hacia esta última localidad, llegando al amanecer del 28 a la vista del enemigo. A continuación trabó un sangriento combate a resultas del cual obligó a retirarse a los franceses.

El 17 de abril un decreto de la Regencia le confirió el mando en propiedad del ejército de Cataluña con el empleo de Teniente General. Aprovechando el movimiento del enemigo hacia el campo de Tarragona y el retroceso de la división Lamarque al Ampurdán, reunió todas las tropas que pudo y el 3 de mayo marchó hacia Mataró esperando poder tomar la ciudad y su convento de capuchinos, convertido en una auténtica fortaleza por los franceses. A pesar del apoyo artillero facilitado por las naves británicas, su esfuerzo fracasó ante el regreso de la división Lamarque desde Torroella y las tropas del general Decaen desde Lérida. Ante el temor de quedar copado, Lacy se apresuró a embarcar la artillería y se retiró hacia Llinás.

Lacy y sus subordinados siguieron con sus operaciones hasta fin de año, sacando el máximo provecho de sus escasos recursos y en espera de que la escuadra anglo-siciliana llegara en su auxilio. No obstante, la escuadra marchó hacia Alicante, donde era más necesaria su presencia, siguiendo el consejo del barón de Eroles, que fue aceptado por Lacy (Hay quien afirma - Bofarull - que la escuadra no fue a Cataluña por la falta de fondos de la Junta del Principado para mantenerla). Para asegurarse el apoyo de los catalanes, en el mes de julio ordenó que cesara la requisa de los caballos, y que se pagasen al contado y según los precios convencionales los que fuesen necesarios. Las crueldades cometidas por algunos generales franceses en Cataluña, en especial las del general Henriot, gobernador de Lérida, obligaron a Lacy a fusilar prisioneros y a amenazar con mayores represalias.

Con el paso del tiempo, las relaciones entre la Junta del Principado y el general Lacy fueron agriándose, llegando al extremo de acusar al general ante la Regencia de falta de actividad. Convencida ésta de la incompatividad de uno y otra, destituyó a la Junta y aprovechó la nueva reorganización del Ejército para trasadar al general Lacy, quien entregó el mando interinamente a su segundo, el barón de Eroles, hasta la llegada del titular, el general Copons. Lacy dejó a su marcha varias plazas y fortalezas, un ejército disciplinado y unos somatenes aguerridos.

Final de la guerra en Galicia (1813-14)

En enero de 1813 la Regencia confió al general Lacy el mando de la llamada Reserva de Galicia que, según el conde de Toreno, se componía de 50.000 hombres y tenía que operar a las órdenes directas de lord Wellington. También se le nombró Capitán General de Galicia.

En ese mismo año la Logia Constitucional de la Reunión Española, primera logia masónica de Galicia, levantó en armas varias columnas. El general Lacy era miembro de esta logia, en la que alcanzó el grado de Maestro.

El general Lacy estuvo en Galicia hasta el 23 de marzo de 1814, en que tras el regreso del rey Fernando VII, solicitó irse de cuartel a Valencia para fijar su residencia en Vinaroz.

El pronunciamiento y su fusilamiento (1817)

En agosto de 1816 se encontraba de cuartel en Andalucía. En noviembre de ese año se trasladó a Cataluña, donde se puso en contacto con su antiguo subordinado, el general Milans del Bosch. Junto a él protagonizó un levantamiento conocido como el Pronunciamiento de Lacy, que se produjo el 5 de abril de 1817. El movimiento fracasó y el general Lacy fue hecho prisionero. El capitán general de Cataluña, Castaños, le instruyó un proceso y le condenó a muerte.

El general Lacy murió fusilado en los fosos del castillo de Bellber de Palma de Mallorca el 5 de julio de 1817.

Con ocasión del triunfo de la revolución liberal de marzo de 1820 tras el Pronunciamiento de Riego, por Real Orden de 25 de marzo de 1820, "... le fuesen restituidos todos sus honores, y se mande colocar su nombre en el salón de Cortes como muerto en un patíbulo por la Constitución." Por su parte, ese mismo año el gobernador de Puerto Rico, general Aréstegui, dedicó al general Lacy un pueblo al que dió su nombre en recuerdo de su amor a la Libertad y a la Constitución. Posteriormente, a consecuencia del nuevo triunfo absolutista, se le cambió el nombre al pueblo por el de Ciales, nombre que enmascara su anterior significado en un anagrama. La trasposición de las letras es la siguiente: Ci-al-es, que leído en órden inverso queda Es-la-ci, equivalente a "es Lacy". En un documento de la Capitania General de Puerto Rico fechado el 27 de junio de 1822, y garantizado con la firma del Capitán General don José de Navarro, todavia se le da a Ciales el nombre de Lacy.

sábado, 4 de junio de 2011

Francisco Ballesteros


Francisco Ballesteros, (Zaragoza, 1770 - París, 29 de junio de 1832) fue un general español.

Luchó contra los franceses en 1793. En 1804 fue destituido de sus cargos por faltas en el servicio, pero Godoy lo rehabilitó haciéndole jefe de aduanas en Asturias.

Tras la invasión francesa de 1808, obtuvo de la Junta de Asturias una División que unió a las Blake y Castaños. Luchó varios años con éxito en el sur de España.Liberó Málaga de las tropas francesas en agosto de 1812. Mandó una división de Infantería en la Batalla de La Albuera ( 16-5-1811). Tras el nombramiento de Wellington como jefe supremo de los ejércitos españoles, se negó a luchar bajo las órdenes de este, por lo que fue enviado a Ceuta.

Llamado de vuelta poco tiempo después, lideró una unidad militar en los montes de Ronda. En 1811 fue nombrado Teniente General y en 1815 Ministro de la Guerra de Fernando VII. Caído en desgracia por culpa de la camarilla clerical de la corte, se le expulsó a Valladolid con la mitad de la paga.


Tras el inicio de la Revolución de 1820, fue llamado de vuelta a Madrid, exhortó al rey a firmar la Constitución de 1812 y se convirtió en vicepresidente de la junta provisional. Hizo méritos cerrando muchas cárceles de la inquisición y devolviendo las libertades municipales.

El 7 de julio de 1822, con la victoria de Ballesteros sobre la guardia real se evitó la caída de la Constitución. Fue nombrado Capitán General de Madrid. En 1823 luchó contra los franceses del Duque de Angulema en Navarra y Aragón, pero tuvo que capitular el 21 de agosto de 1823 en Caporla y entregarse al rey.

El 1 de octubre de 1823 Fernando VII anuló todos las actuaciones del gobierno constitucional y destituyó a todos los funcionarios y oficiales que no habían sido fieles. Ballesteros se retiró a Cádiz, desde dónde huyó en un barco inglés, ya que la amnistía de 1824 le había excluido expresamente. A partir de ese momento se asentó en París, donde murió el 29 de junio de 1832.

lunes, 30 de mayo de 2011

Mariano Álvarez de Castro



Mariano Álvarez de Castro, (Granada, 8 de septiembre de 1749 – Figueras, Gerona, 22 de enero de 1810), militar español, era el gobernador militar durante el sitio de Gerona por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia española.
Nació el 8 de septiembre de 1749 en Granada, en cuya Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias fue bautizado el 14 del mismo mes, aunque su familia era procedente de El Burgo de Osma. Ingresó muy joven en el ejército, y participó como Oficial de Guardias en el sitio de Gibraltar, en 1787. Ascendió a coronel (1793), y tomó parte en la guerra del Rosellón y participó en las siguientes acciones: bloqueo del Castillo de los Baños, batalla de Mas Deu, toma de Elna, ataque a Perpiñán, ataque de Ribas Altas, batalla de Truillás y de Santa Coloma, ocupación de Bañulls de los Aspres (donde resultó herido) y sitio de Collioure.

En 1795 fue ascendido a brigadier.

Participó en la Guerra de las Naranjas (1801), y en la ocupación de Elvas y Villaviciosa.

En 1808 era gobernador militar del castillo de Montjuich de Barcelona, que se negó a entregar a los franceses cuando éstos entraron en la ciudad; sólo lo hizo, con protestas, cuando fue conminado a hacerlo por el Capitán General de Cataluña. Huyó de la ciudad condal para unirse al ejército español cuando se inició la Guerra de Independencia.

Al año siguiente fue nombrado gobernador militar de Gerona ciudad que ya había sufrido dos asedios, sin éxito unos meses antes, ya con el rango de Mariscal de Campo (abril de 1809). A principios de mayo de 1809, los franceses empezaron a ocupar los pueblos de los alrededores. Álvarez de Castro, ante un sitio que se preveía largo y duro, preparó la ciudad para la defensa haciendo acopio de municiones y víveres. Al mes siguiente, el general Saint-Cyr, al frente de 18.000 hombres, se presentó ante los muros de Gerona, que sólo disponía de unos 5.600 soldados. Ante el inminente cerco, el gobernador publicó un breve bando:
Será pasado por las armas el que profiera la voz de capitular o de rendirse.

El general francés le envió un parlamentario indicándole que se rindiera, al que Álvarez respondió que, no queriendo tratos con los enemigos de su patria, recibiría a cañonazos a cuantos parlamentarios le enviasen.[cita requerida]

El sitio de Gerona duró siete meses. En agosto, los franceses tomaron el castillo de Montjuich, la principal defensa de la ciudad, después de haber muerto las dos terceras partes de sus defensores. Álvarez de Castro no quiso claudicar; mandó construir barricadas y trincheras en el interior de la ciudad. A pesar del hambre y de las enfermedades que diezmaban la población, rechazó todas las ofertas de capitulación, hasta que en diciembre, agotado físicamente y enfermo, entregó el mando al brigadier Juan Bolívar. Dos días después, el 10 de diciembre, la plaza capitulaba. Entre soldados y civiles, habían perecido unos 10.000 gerundenses.

Los vencedores no trataron demasiado bien al defensor de Gerona. A pesar de su delicado estado de salud, lo condujeron como prisionero a Perpiñán, desde donde lo trasladaron al castillo de Figueras donde murió el 22 de enero de 1810, muy posiblemente por debilidad física y no por envenenamiento como se ha dicho.