Hay que recordar lo que fuimos para saber lo que somos

Por desgracia la Historia de nuestro país poco importa a los políticos de turno. Si permitimos esto, terminaremos sin saber qué fue España y dejaremos que el devenir de los sucesos actuales borre nuestra memoria.

jueves, 31 de marzo de 2011

Regimiento de Cazadores de Taxdirt



El día 20 de Septiembre de 1909 el Teniente Coronel de Caballería D. José Cavalcanti de Alburquerque y Padierna, Ayudante de Campo del General Tovar, Jefe de la División de Cazadores, recibió órdenes de éste para ponerse al frente del 4º Escuadrón del Regimiento de Cazadores Alfonso XII, 21 de Caballería, y emplearlo en la forma que creyera más conveniente.

Y el momento no tarda en llegar. Es en la llanura de Taxdirt, en las afueras de Melilla, en las operaciones posteriores a la derrota española en el barranco del Lobo. Al llegar donde se hallaba el Escuadrón, Cavalcanti observó que el enemigo ocupaba una posición tras el repliegue del Batallón de Infantería Cataluña, y desde la cual podía causarle muchas bajas, por lo que inmediatamente cargó con 65 jinetes sobre la línea de tiradores enemigos, de unos 1.500 hombres de la Cábila de Beni Sicar, obligándoles a retirarse sobre su grueso. Sin vacilar un momento, cargó denodadamente sobre el núcleo referido, arrollándole y causándole muchas bajas. Rehizo sus fuerzas y nuevamente se lanzó sobre los moros, recogiendo las bajas que había tenido en las cargas anteriores y ocupando una posición que defendió y sostuvo hasta que fue relevado por fuerzas de Infantería. En la tercera carga del Escuadrón sólo participan 20 jinetes, pues el resto es baja, está desmontado o persiguiendo al enemigo.

Las bajas del Escuadrón de Alfonso XII fueron 25 jinetes, y tanto Cavalcanti como el Estandarte de Regimiento recibieron la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española. En honor a esa heróica carga, se forma el Regimiento de Cazadores de Taxdirt.

domingo, 27 de marzo de 2011

Félix de Azara



Félix de Azara fue un militar, ingeniero, explorador, cartógrafo, antropólogo, humanista y naturalista español, nacido el 18 de mayo de 1742 en Barbuñales (Provincia de Huesca) y muerto en 1821.
La abreviatura Azara se emplea para indicar a Félix de Azara como autoridad en la descripción y clasificación científica de los vegetales.España y Portugal, por el Tratado de Madrid, fijaban las fronteras de sus posesiones en América del Sur. Se eligió a Azara para formar parte de los comisarios encargados de delimitar con precisión las fronteras españolas. Parte hacia Sudamérica en 1781 para una misión de algunos meses y se quedará durante 20 años.
En sus viajes, y casi por aburrimiento, tomó interés en los animales de las zonas que visitaba. Así, a pesar saberse ignorante sobre el tema y creer que antes que él ya lo habrían hecho los viajeros y naturalistas de América, decidió apuntar sus observaciones y esperar a acabar sus otras obligaciones para publicar los materiales. Azara describió 448 especies, de las cuales la mitad eran nuevas.
Finalmente fue llamado de vuelta a España en 1801 al cabo de 20 años de privaciones, sufrimientos y después de haber sobrevivido a diversos peligros, desde ataques de indios hasta serpientes venenosas.
No aportó animales disecados, sino únicamente sus manuscritos sobre los mamíferos y reptiles del Paraguay y Río de la Plata (Essais sur l´histoire naturelle des Quadrupèdes, Paris, 1801, y la versión española: Apuntamientos sobre la historia natural de los quadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata, Madrid, 1802), los Apuntamientos para la historia natural de las Paxaros del Paraguay y Rio de la Plata (tres volúmenes, Madrid, 1802-1805). Haciendo prueba de gran generosidad, el mismo Sonnini tradujo la obra al francés en 1809 bajo el título Voyages dans l’Amérique méridionale, par don Félix de Azara (cuatro volúmenes, de los cuales el tres y el cuatro corresponden a los "Páxaros del Paraguay", y atlas, Paris).
Gustav Hartlaub (1814-1900) editó en 1837 un índice de las especies de aves descritas por Azara. Varias especies le fueron dedicadas: el pájaro Synallaxis azarae por Alcide Dessalines d'Orbigny (1806-1876) en 1835 y los roedores Dasyprocta azarae por Martin Lichtenstein (1780-1857) en 1823, Akodon azarae Johann Fischer von Waldheim (1771-1853) en 1829 y Ctenomys azarae por Michael Rogers Oldfield Thomas (1858-1929) en 1903.
También se le ha dedicado una dorsal en la Luna, la Dorsum Azara en 26° 42' N y 19° 12' O de unos 105 km de longitud. La ciudad de Azara en la provincia de Misiones nominada en su memoria por su trabajo en la región.
Se planteó la posibilidad de la evolución de las especies, preguntándose las similitudes existentes ante la falta de rigor científico. Antes que el propio Charles Darwin, quien parece que conocía sus estudios.
Colaboró con José Artigas en el establecimiento de pueblos en las fronteras entre la Provincia Oriental (actual Uruguay) y el Imperio del Brasil, cuya fundación más importante fue el pueblo de Batoví.

viernes, 18 de marzo de 2011

Expedición Malaspina




En septiembre de 1788, Alejandro Malaspina, junto con su colega José de Bustamante y Guerra, propone al gobierno español la organización de una expedición político-científica, con el fin de visitar casi todas las posesiones españolas en América y Asia. Este viaje se conocería como expedición Malaspina.
Los propósitos de la expedición serían los siguientes: incrementar el conocimiento sobre ciencias naturales (botánica, zoología, geología), realizar observaciones astronómicas y "construir cartas hidrográficas para las regiones más remotas de América".
La expedición levantó mapas, compuso catálogos minerales y de flora y realizó otras investigaciones científicas. Pero no abordó simplemente cuestiones relativas a la geografía o a la historia natural. En cada escala, los miembros de la expedición establecen inmediato contacto con las autoridades locales y eventuales científicos para ampliar las tareas de investigación.
El objetivo de Malaspina era realmente ambicioso. Aspiraba a dibujar un cuadro razonado y coherente de los dominios de la monarquía española. Para ello, no sólo contaba con los trabajos de sus colaboradores, sino que también investigó en los materiales de los principales archivos y fondos de la América española. A través de sus diarios y escritos, tuvieron cabida los distintos aspectos de la realidad del imperio, desde la minería y las virtudes medicinales de las plantas hasta la cultura, y desde la población de la Patagonia hasta el comercio filipino. De esta forma culmina, siguiendo los principios de la Ilustración, la experiencia descubridora y científica de tres siglos de conocimiento del Nuevo Mundo y la tradición hispana de relaciones geográficas y cuestionarios de Indias. Y lo hacen bajo una fórmula característica del período pues, imbuido del credo cientifista y naturalista de la Ilustración, lo que hizo Malaspina en realidad fue componer una verdadera física de la Monarquía.
A su regreso, la expedición Malaspina había acumulado una cantidad ingente de material: la colección de especies botánicas y minerales, así como observaciones científicas (llegaron a trazar setenta nuevas cartas náuticas) y dibujos, croquis, bocetos y pinturas, era impresionante y, sin duda, la mayor que habrían de reunir en un solo viaje navegantes españoles en toda su historia.

viernes, 11 de marzo de 2011

Expedicion botanica de Jose Celestino Mutis



José Celestino Mutis y Bosio (Cádiz, 6 de abril de 1732 - Bogotá, 11 de septiembre de 1808) fue un botánico y matemático español.

Hacia 1763 Mutis propuso al rey de España realizar una expedición botánica con el fin de estudiar la fauna y flora americanas. Tuvo que esperar 20 años para conseguirlo, y así emprendió lo que se ha llamado el "redescubrimiento". Realizó tres expediciones botánicas.

En 1772 Mutis obtuvo las órdenes sacerdotales.

En 1783, bajo la dirección de Mutis, se inició la Real Expedición Botánica al Nuevo Reino de Granada; la exploración cubrió unos 8000 kilómetros cuadrados, utilizando como eje el río Magdalena.

En marzo de 1762, durante la inauguración de la cátedra de Matemáticas del Colegio del Rosario, expuso los principios del sistema de Copérnico, de la ciencia moderna y del método experimental lo cual le valió un enfrentamiento con la iglesia. En 1774 tuvo que defender ante la Santa Inquisición, la conveniencia de la enseñanza de los principios Copernicanos, así como de la física y matemática modernas, inspiradas en Isaac Newton, y de la "filosofía natural".

Mutis adquiriría un gran renombre en los círculos científicos europeos. Mantenía constante correspondencia con los principales científicos europeos y españoles, entre los que destaca Carlos Linneo al que envió materiales botánicos, y Alexander von Humboldt, que le visitó durante su viaje expedicionario por América.

Mutis murió a los 76 años de edad, víctima de apoplejía en Santa Fe de Bogotá el día 11 de septiembre de 1808. Tras la muerte de Mutis su sobrino, Sinforoso Mutis Consuegra, hijo de su hermano Manuel, se hizo cargo de la Expedición Botánica. En 1818, con el levantamiento independista, los materiales de la expedición, herbario, manuscritos y dibujos, se llevaron a España y actualmente se conservan en el Real Jardín Botánico de Madrid. Lo más destacado son sus más de 6.000 dibujos botánicos de flora colombiana que forman parte del patrimonio nacional.

La familia Mutis tuvo amplia descendencia en Colombia.

En lo referente a la lingüística: estudió las lenguas indígenas de su entorno y, entre sus actividades, estuvo la elaboración de una serie de vocabularios elementales (100 palabras de cada idioma indígena) por encargo del rey Carlos III. El rey respondía a la demanda de la zarina Catalina la Grande que le había pedido vocabularios de las lenguas habladas en todos sus reinos, para hacer un monumental Diccionario de todas las lenguas del mundo. (Como anécdota: dicho Diccionario se publicó, pero los compiladores tuvieron la malhadada idea de hacerlo por orden alfabético, por lo que resulta imposible consultarlo.)

Esto viene a comprobar tanto en Mutis como en otros hombres y mujeres de su tiempo la defensa de los indijenas, y de la lengua por parte del reino de España.

viernes, 28 de enero de 2011

La batalla del Garellano




La batalla del Garellano es un episodio clave de la segunda guerra de Nápoles, y dentro de ésta, de su tercera y última parte, llamada en ocasiones Campaña del Garellano, que comienza a mediados de junio de 1503 con la entrada de un nuevo ejército francés en Italia y termina el 1 de enero de 1504 con su capitulación en Gaeta y la consiguiente firma del tratado de Lyon (31 de marzo de 1504).

La mencionada incursión gala, ordenada por el rey Luis XII, tuvo lugar cuando Gonzalo Fernández de Córdoba (llamado El Gran Capitán), general de los ejércitos españoles en Italia, se disponía a tomar la fortaleza de Gaeta con el fin de desalojar definitivamente al enemigo del Reino de Nápoles. La nueva amenaza le obligó a realizar un repliegue táctico hacia el este del río Garellano, en cuyas cercanías ocupó varias plazas fuertes (San Germano, Montecasino, Roccasecca) con las que articuló un sistema defensivo para frenar el avance de los franceses. Cosa que logró hasta en tres ocasiones, en las que frustró sendos intentos de aquellos de atravesar el río.

A mediados de noviembre de 1503, los ejércitos español y francés (éste al mando de Luis II, marqués de Saluzzo, que acababa de relevar en el puesto al duque de Nemours) se encontraban todavía separados por el río. La situación se había estancado y ambos contendientes ocupaban unas pocas posiciones cerca de la orilla, en terrenos pantanosos, enfangados e insalubres, y sufriendo la lluvia, el frío, las enfermedades, la demora en las pagas y el hambre. Esto último era más acuciante en el bando español, que tenía mayores dificultades para hacer llegar los suministros al frente, mientras que los franceses podían recibirlos desde el mar a través de su plaza fuerte de Gaeta. La situación durante aproximadamente las seis semanas anteriores a la batalla fue la de una guerra de trincheras, con escaramuzas, y a la espera de un inminente final: o bien una retirada o bien un enfrentamiento definitivo.

A pesar de las adversidades Gonzalo de Córdoba estaba decidido a entablar combate en aquella ocasión en vez de retirarse y esperar la llegada del buen tiempo. Se ratificó en su intención tras la llegada de refuerzos desde Nápoles, y especialmente de las tropas de Bartolomeo d'Alviano, ayuda ésta fruto del acuerdo al que llegó Fernando el Católico con los Orsini, y que venía a paliar en parte la inferioridad numérica de los españoles. Sin embargo, el plan que tenía en mente el Gran Capitán comenzaría por hacer creer a Saluzzo que se retiraba, y días antes de la batalla realizó varios desplazamientos de tropas para simular que iniciaba un repliege hacia el Volturno. El marqués relajó entonces la vigilancia, movió soldados hacia retaguardia y permitió a los oficiales descansar en los pueblos vecinos. Incluso concertó una tregua navideña para los días 25 y 26, al término de la cual, los franceses, que ya no esperaban una ofensiva enemiga, seguían sin estar alerta. Cosa que Córdoba aprovecharía para situarse en ciertos puntos clave y lanzar a continuación su ataque por sorpresa.

La idea era cruzar el río mediante tres pontones ensamblados, que ya se estaban fabricando desde hacía varias semanas en el castillo de Mondragone (a unos 12 kilómetros al sur del campamento español de Sessa) bajo la dirección de Juan de Lezcano. Las diversas piezas del puente se trasladarían en mulas hasta el lugar del cruce.

La noche del día 27 el ejército español estaba reunido cerca de Sessa, en un pueblo llamado Cintura (probablemente la actual Borgo Centore, fracción de Cellole), muy próximo al paso tendido con barcas encadenadas y controlado por los franceses, que daba acceso a Traietto (hoy Minturno), en cuyas cercanías se situaba el real francés. Al oeste, siguiendo el trazado de la Vía Apia, también poseían los de Saluzzo Mola (actual Formia), además de la fortificada Gaeta. Al sur, en la desembocadura, la Torre del Garellano. Y al norte se concentraban en Vallefredda (hoy Vallemaio), Castelforte y Suio. Sería cerca de esta última villa, desde la orilla opuesta, a donde se desplazarían los españoles por la noche para armar el puente y pasarlo al amanecer del día siguiente.

Gonzalo de Córdoba planificó una división del ejército en tres ramas. La de Alviano (fundamentalmente caballería) cruzaría en vanguardia rápidamente el Garellano por los pontones para envolver por sorpresa a los franceses por su flanco izquierdo. Le seguiría luego un cuerpo central con el propio Córdoba al frente. Y en Cintura quedarían los hombres de Fernando de Andrade y Diego de Mendoza, para no levantar sospechas y atravesar el puente francés una vez ejecutada con éxito la operación anterior. La madrugada del 27 al 28 salieron de Cintura Alviano y Córdoba, a los que se unió la caravana de Lezcano que partió de Mondragone. Al norte de la última posición francesa cercana a Suio se escogió un tramo fluvial estrecho, de poca profundidad, de orillas firmes y fuera de la vista del enemigo, y en él, antes de amanecer, trabajaron los hombres de Lezcano en el ensamblaje y fijación de los pontones.

Al alba del día 28 de diciembre, los 3.000 hombres de Bartolomeo d'Alviano pasaron súbitamente el recién tendido puente. Le siguió el cuerpo central dividido a su vez en tres partes: Diego García de Paredes y Pedro Navarro al frente de 3.500 rodeleros y arcabuceros; después la caballería pesada (30 jinetes) y ligera (200) de Próspero Colonna; y finalmente el Gran Capitán con 2.000 lansquenetes alemanes.

Las desprevenidas guarniciones francesas de Suio (300 ballesteros normandos) y Castelforte no pudieron detener la inesperada avalancha que se les vino encima y huyeron en desbandada. Vallefredda, defendida por Ivo d'Allegre, cayó con escasa resistencia. Hasta el final del día, e incluso después durante la noche, las tropas españolas se dedicaron a consolidar las posiciones y a hostigar sin descanso a los franceses que escapaban. Córdoba pernoctó en Castelforte.

Por la noche Saluzzo recibió noticias de lo acontecido y convocó un consejo de guerra que resolvió retirarse a Gaeta. Era algo que el marqués ya había pensado hacer organizadamente, pero esta insospechada y repentina pérdida de un sector en teoría tranquilo le halló desprevenido y sin tiempo para planificarla. Se hubo de realizar entonces en las peores condiciones posibles: de noche, deprisa, con un incesante acoso enemigo, durante una fuerte tormenta y sobre barrizales que dificultaban sobremanera (cuando no impedían) la marcha y el traslado de carros y piezas de artillería. Por ello se decidió desmontar las barcas del paso cercano a Traietto para trasladar en ellas varias de las piezas río abajo hasta la desembocadura, y de ahí por mar hasta Gaeta. Sin embargo acabaron hundiéndose por el fuerte oleaje en el Tirreno y algunas fueron capturadas por los españoles.

La mañana del 29 las tropas españolas entraron en el ya abandonado real francés. El Gran Capitán mandó reconstruir en la medida de lo posible la pasarela francesa sobre el Garellano y al tiempo iniciar la persecución de Saluzzo, ordenando a Colonna marchar de inmediato en vanguardia de ella. Para evitar el escape (y posterior atrincheramiento en Gaeta) de los franceses decidió envolverlos. Por ello envió a Alviano por el norte, cubriendo todo el flanco izquierdo galo, para que luego bajara por el oeste hasta Gaeta. El embolsamiento se completaría con la formación del ala izquierda española por parte de Andrada y Mendoza, que esperaban el tendido del improvisado paso para iniciar el avance más cercano a la costa.

Poco antes de llegar a Mola los hombres de Saluzzo se toparon con un obstáculo natural a modo de cuello de botella. Debían atravesar una pequeña pasarela en un estrecho desfiladero (en lo que hoy sería Scauri), que por la reciente crecida del río que salvaba se había hecho sumamente insegura. Pierre Terraill (conocido como el caballero Bayardo), quien ya había sobresalido durante el resto de la campaña, y más recientemente la noche anterior repeliendo desde la retaguardia los acuciantes ataques enemigos, decidió presentar batalla en el lugar con la caballería pesada (los llamados "hombres de armas") de que disponía. A pesar de estar ésta muy menguada en número, acometió con tanto ímpetu a la vanguardia de Colonna que se le enfrentó, que la hizo retroceder atropelladamente hasta topar con la columna de infantería dirigida por Córdoba que marchaba a continuación. Cundió el desconcierto entre las primeras filas de ésta, compuestas por lansquenetes, que quedaron inmóviles sin saber cómo reaccionar. Mediante vehementes arengas y abriéndose paso a caballo entre ellos, el Gran Capitán consiguió organizarlos en un cuadro para hacer frente a la siguiente carga de caballería que lanzó Bayardo. No pudo el francés superar a los piqueros germanos, cuyas formaciones se caracterizaban por su robustez y disciplina, y perdió a la mayoría de sus hombres en el embate.

Hacia la tarde, la llegada al frente de Andrade y Mendoza decantó la victoria hacia el lado español, a la vez que Alviano enfilaba ya el camino hacia Gaeta. Saluzzo se enteró de esto último, y temiendo por ello quedar irremediablemente rodeado, ordenó una retirada general que se convirtió en la práctica en una caótica huida desesperada en la que perecieron o fueron hechos prisioneros cientos de soldados, que además abandonaron gran cantidad de material militar del que se apoderaron luego los españoles. Por el contrario, Bayardo volvió a dar muestra de su arrojo, tenacidad y lealtad luchando con bravura hasta que cayó la noche (cuando ya exhausto acudió a refugiarse a Gaeta) cubriendo así en parte a sus compañeros.

Las tropas españolas recorrieron rápidamente los últimos kilómetros de la persecución, confluyendo en Mola y doblegando allá la débil oposición del genovés Bernardo Adorno, enviado por Saluzzo sólo para ganar algo más de tiempo, y dando así fin a la batalla.

Al día siguiente la ciudadela de Gaeta, donde se refugiaron los últimos supervivientes, ya estaba cercada. Los franceses hicieron una oferta de rendición, que fue aceptada, y el 1 de enero de 1504 Saluzzo y el Gran Capitán firmaron la capitulación. En ella se establecía el intercambio de prisioneros y se permitía la libre salida, por mar o tierra, de las tropas francesas. A tal efecto Gonzalo de Córdoba cedió dos carracas recientemente capturadas al enemigo, en las que viajaron Saluzzo, los altos oficiales, y cuantos otros soldados cupieron en ellas. El resto hubo de hacerlo a pie. Tanto unos como otros sufrieron grandes penalidades en el trayecto. De entre los primeros gran cantidad murieron a bordo a causa de la malaria contraída o las heridas de la campaña. Los segundos vivieron un tortuoso recorrido a lo largo de Italia: fueron atacados por los lugareños en venganza por los saqueos y violencias a los que les habían sometido, y padecieron (o murieron a causa de ellas) el hambre y las enfermedades. Finalmente sólo regresó a casa aproximadamente un tercio del ejército francés.

La victoria del Garellano tuvo importantes repercusiones militares y políticas. Expulsó definitivamente a los franceses con contundencia, y esto, junto a las derrotas sufridas en el Rosellón, hizo que Luis XII desistiera de continuar la guerra con España. A fines de enero su embajador firmaba en Santa Maria de la Mejorada una tregua con los Reyes Católicos. Y el posterior tratado de Lyon con Fernando el Católico daba fin oficialmente a la Segunda Guerra de Italia reconociendo al segundo la posesión del Reino de Nápoles. Con ello mejoraba la situación política de España, que aseguraba su posición en Italia y quedaba junto a Francia (en el norte) como el principal poder en dicha península. Y entre ambos, varios Estados notablemente menos fuertes que ellos.

Esta batalla es la última que dirigió personalmente Gonzalo de Córdoba, pero las tácticas que mostraron en ella las tropas que él mandaba perduraron, junto con el resto de sus concepciones militares, en el ejército español. Los oficiales que sirvieron a sus órdenes en las dos Guerras de Italia recogieron sus enseñanzas y las aplicarían en futuras ocasiones. El movimiento de apertura que ejecutó el Gran Capitán el día 28 en el Garellano se considera una de las maniobras envolventes más logradas de la historia militar. Es un ejemplo preciso de cómo atacar y luego cubrir un solo flanco del enemigo, muy similar a la táctica que emplearía Erwin Rommel en la batalla de Gazala (21 de junio de 1942). Además, Córdoba no sacrificó los demás sectores para conseguir la superioridad numérica en el punto de ataque, ya que también desplegó hombres en el ala izquierda para solucionar este problema.

jueves, 13 de enero de 2011

Fernando Primo de Ribera y Orbaneja



Fernando Primo de Rivera y Orbaneja (Jerez de la Frontera, 1879 – Monte Arruit, Marruecos,1921) fue un militar español, hermano del Dictador Miguel Primo de Rivera y Orbaneja y tío del fundador de Falange José Antonio Primo de Rivera.
Ingresó en la Academia de Caballería en 1898, donde se convirtió en un excelente jinete y campeón de esgrima. Completó su formación en la Academia de Caballería francesa de Saumur. Recibió su bautismo de fuego en 1912 en la acción del Zoco de Tarrain con el 2° Escuadrón de Cazadores de Taxdirt y por cuya actuación se le propuso para la cruz del Mérito Militar. Ese mismo año tomó a la carga el poblado de Ulad Garen, acción que el valió el ascenso a Comandante y ser recompensado con la cruz de María Cristina.
En 1920, siendo Teniente Coronel, es destinado al Regimiento de Cazadores de Alcántara Nº 10, como segundo jefe del mismo, y seguía al mando cuando acaeció el Desastre de Annual.
El día 22 de julio de 1921 el Teniente Coronel Primo de Rivera tenía desplegados los cinco escuadrones del regimiento, cuatro de sables y uno de ametralladoras (461 hombres, 22 oficiales y 439 de tropa) detrás de Izumar.
El jefe del Regimiento, el coronel Manella, se hallaba en Annual al mando de la circunscripción desde hacía tres días.
El 23 de julio de 1921, el teniente coronel Primo de Rivera, en cumplimiento de la órdenes recibidas y al frente de su 2° escuadrón, dos secciones del 4° y una del 1° del Regimiento de Alcántara, con un total 192 jinetes, protege la retirada de Chaif hacia Dar Drius.
Durante la retirada el Regimiento Alcántara, carga repetidamente contra los rifeños, sufriendo fuertes perdidas, por su actuación fue propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, que se le concedió póstumamente en 1923.
Ese mismo día, se le dio la orden de proteger la retirada desde Dar Drius a Batel, durante la retirada volvió a realizar valerosas cargas contra los rifeños, que supuso la casi aniquilación de su maltrecho regimiento.
Las cargas realizadas durante el cruce del lecho del río Igan, fueron durísimas, teniendo que realizarlas al final a pie debido a haber perdido ya la mayoría de los caballos.
Unos meses después, en el lecho del río Igan se localizaron aun los restos de los caballos y los jinetes en el mismo lugar donde habían caído.
De 461 hombres que formaban su regimiento unos días antes, el 24 de julio los supervivientes no llegaban a 80.
El teniente coronel Primo de Rivera murió en Monte Arruit por las heridas ocasionadas por un casco de granada de la artillería enemiga que le llevó el brazo derecho estando observando el fuego de cañón desde el parapeto, y por la cual hubo de amputársele el brazo sin ser anestesiado, debido a los escasos medios con los que se contaba en la posición, muriendo poco después a causa de la gangrena. Durante el asedio se comportó brillantemente, siempre en constante combate, dirigiendo y animando a todos con su heroico ejemplo.
El teniente coronel D. Fernando Primo de Rivera y Orbaneja figura desde entonces como número uno de los tenientes coroneles de la Caballería española.

"¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos".

lunes, 3 de enero de 2011

La Batalla de Tetuán



La Batalla de Tetuán fue una batalla que tuvo lugar en Tetuán, Marruecos, entre el Ejército Español de África y el Ejército de Marruecos por la posesión de la plaza. La batalla fue parte de la guerra hispano-marroquí de 1859–1860.

El ejército expedicionario, que partió de Algeciras, estaba compuesto por treinta y seis mil hombres, sesenta y cinco piezas de artillería y cuarenta y un navíos entre buques de vapor, de vela y lanchas. O'Donnell dividió las fuerzas en tres cuerpos de ejército en los que puso al frente a los generales Juan Zabala de la Puente, Antonio Ros de Olano y Ramón de Echagüe. El grupo de reserva estuvo bajo el mando del general Juan Prim. El almirante Segundo Díaz Herrero fue nombrado jefe de la flota.
La batalla de Tetuán, por Mariano Fortuny (1863-73)

El objetivo final era la toma de Tetuán. El 17 de diciembre empezaron las hostilidades por parte de la columna mandada por Zabala que ocupó la Sierra de Bullones. Dos días después Echagüe conquistó el Palacio del Serrallo y O'Donnell se puso al frente de la fuerza que desembarcó en Ceuta el 21. El día de Navidad los tres cuerpos de ejército habían consolidado sus posiciones y esperaban la orden de avanzar hacia Tetuán.

El 1 de enero de 1860, el general Prim avanzó en tromba hasta la desembocadura de Uad el Jelú con el apoyo al flanco del general Zabala y el de la flota que mantenía a las fuerzas enemigas alejadas de la costa. Las refriegas continuaron hasta el 31 de enero donde fue contenida una acción ofensiva marroquí, y O'Donnell comenzó la marcha hacia Tetuán, con el apoyo de los voluntarios catalanes. Recibía la cobertura del general Ros de Olano y de Prim en los flancos. La presión de la artillería española desbarató las filas marroquíes hasta el punto de que los restos de éste ejército tomaron refugio en Tetuán, que cayó el día 6 de febrero y
O'Donnell entra en Tetuán. Detalle del mausoleo del General en Madrid

Tras una semana de lucha, la victoria resultó para las tropas españolas, que consiguieron de esta forma el fin de los ataques a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, así como la captura de la ciudad de Tetuán para la Corona de España.

A la vuelta a la península, O'Donnell acampó al ejército victorioso en un descampado a las afueras del norte de Madrid, mientras se hacían los preparativos para una entrada triunfal en la capital, que finalmente nunca sucedió. Alrededor del campamento —que de provisional se iba convirtiendo en permanente— se fueron instalando comerciantes y se creó el barrio conocido hasta hoy como Tetuán de las Victorias. Hoy, irónicamente, viven allí multitud de marroquíes.