Hay que recordar lo que fuimos para saber lo que somos

Por desgracia la Historia de nuestro país poco importa a los políticos de turno. Si permitimos esto, terminaremos sin saber qué fue España y dejaremos que el devenir de los sucesos actuales borre nuestra memoria.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Batalla de Fleurus




Después del fracaso en intentar liberar Heidelberg, asediada por el ejército del Conde Tilly, Federico V del Palatinado decidió disolver su ejército. El 13 de julio de 1622, el contrato fue cancelado por los ejércitos parados de Mansfeld y los holandeses alquilaron los servicios de Christian de Brunswick para ayudar a aliviar el sitio de Bergen-op-Zoom.
El ejército protestante partió de Alsacia y a paso rápido cruzando el norte de Francia, entrando en los Países Bajos Españoles a través de Henao.
El ejército español en Flandes, bajo el mando de Ambrosio Espínola, ocupó durante el sitio de Bergen-op-Zoom, una ciudad en el estuario del río Escalda, que estaba en una peligrosa situación. Mientras los refuerzos holandeses se reunían al este de Breda, se preparó para una invasión desde el sur. Estuvo en peligro de quedar atrapado entre los dos ejércitos enemigos, pues su línea de retirada hacia Amberes estaba bloqueada por el ejército alemán invasor. Gonzalo Fernández de Córdoba, comandante del ejército español en el Palatinado, fue reclamado a toda prisa para detener a este ejército. Fernández de Córdoba marchó a través de Luxemburgo y el dificultoso terreno de las Ardenas, y consiguió interceptar a Mansfeld y Brunswick en la frontera de Brabante.
El ejército protestante adelantó tropas que se enfrentaron con exploradores españoles el 27 de agosto, y el 29 encontraron al ejército de Córdoba atrincherado. Córdoba, mucho más débil en caballería, había dispuesto un bloqueo de la posición norte de la ciudad de Mellet, cerca de Fleurus, con flancos abrigados por los bosques. Los comandantes protestantes desplegaron su ejército tratando de romper por la mitad la posición española.
Después de un corto cañoneo, Mansfeld ordenó un avance general. Algunos espacios se abrieron en la infantería alemana, pobremente adiestrada, y De Sylva atacó un flanco desprotegido sirviéndose de un batallón. No obstante, Streiff contraatacó, la caballería valona equivocó el paso y sufrió un considerable daño por las armas de fuego del enemigo. La caballería de De Sylva se refugió detrás de los carros de equipaje, mientras Streiff volvía sobre la infantería española, sin demasiado éxito.
En el lado derecho protestante, Brunswick había enviado a la casi totalidad de su caballería, el despliegue de Córdoba hizo imposible flanquear su posición, pero Brunswick esperaba destrozar la formación española con un asalto total y frontal. La primera carga fue rechazada por la caballería de Gauchier, pero Brunswick ordenó una segunda carga. La primera línea fue rechazada de nuevo, pero la segunda línea consiguió acorralar a la caballería valona. Brunswick se centró entonces en la infantería española, pero fracasó al intentar soportar la embestida de estos, el Tercio de Nápoles aguantó su posición, y los mosqueteros agazapados en los árboles comenzaron a disparar a la caballería protestante, que empezó a desordenarse. En una desesperada carga final, Brunswick resultó herido, y su caballería, desmoralizada, cayó al final. Después de cinco horas de lucha, Mansfeld ordenó la retirada. Era mediodía e intentó tomar el camino hacia Lieja en torno a Fernández de Córdoba para alcanzar Breda.
El ejército español estaba ya demasiado cansado para seguir al enemigo en retirada. No obstante, al siguiente día, Córdoba envió a Gauchier con la caballería, que encontró al ejército protestante apeado a lo largo del camino. La caballería protestante huyó sin participar en demasiadas luchas, dejando a la infantería a su suerte. Sin posibilidad de desplegar una posición de defensa, la infantería alemana fue aniquilada. Gauchier también capturó la artillería y el equipaje del ejército.
Lo que quedaba de Brunswick y Mansfeld, unos 3.000 efectivos de caballería, se unió finalmente al ejército holandés en Breda después de dar un rodeo. Spinola fue obligado a abandonar el sitio de Bergen-op-Zoom, pero la plaza no suponía ya un riesgo, de modo que lo hizo con relativo gusto.
Brunswick y Mansfeld sólo sirvieron tres días al ejército holandés, sus tropas revoltosas e indisciplinadas no tenían sitio en el ejército rebelde de las Provincias. Mientras tanto, el ejército del Conde de Tilly invadió fácilmente el Palatinado

martes, 23 de noviembre de 2010

La Batalla de las Guásimas





La Batalla de Las Guásimas, el primer verdadero choque de armas en la campaña cubana de la Guerra Hispano-Americana, fue una sangrienta escaramuza indecisa que terminó en favor de España el 24 de junio de 1898.

Tras haber luchado en una escaramuza contra fuerzas de desembarco en Siboney, un contingente español retrocedió hasta las posiciones atrincheradas de Las Guásimas. Con dificultad, la incursión fue rechazada.
La tarea para expulsar a al contingente atrincherado fue asignada al antiguo oficial de caballería confederada Joseph Wheeler. Este estaba al mando de la 1ª Unidad de Voluntarios de Caballería, también llamados "Rough Riders", de la 1ª Unidad de regulares de Caballería, compuesta por los famosos Buffalo Soldiers.

La batalla comenzó con una andanada de la artillería estadounidense. La infantería española respondió con fuego de fusil a las tropas estadounidenses que ya habían iniciado el avance. Las tropas estadounidenses entraron en una situación de confusión al no poder localizar a las tropas españolas. Éstas, aun teniendo uniforme blanco, eran difíciles de localizar porque el fusil usado por los españoles, el Mauser 1893 (llamado "Mauser español"), disparaba pólvora sin humo. El intercambio de fuego fue de escaso éxito para ambos bandos por las pocas bajas causadas.
El intercambio de fuego duró hasta que los oficiales españoles creyeron que ya habían producido suficientes bajas en el bando contrario. Al rato abandonaron la posición en la ya planeada retirada en dirección a Santiago de Cuba.
Las bajas estadounidenses fueron alrededor de dos tercios del total.

Las fuerzas americanas ocuparon Las Guásimas durante un breve tiempo previniendo un contraataque que jamás llegó. Encontrando la posición de mínima importancia estratégica, abandonaron esta, llevandose a muertos y heridos.

El enfrentamiento aparece en la película Rough Riders en la que se narra la historia de Theodere Roosvelt. En la película, sin embargo, se muestra como un éxito estadounidense.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Rodrigo de Bastidas



Rodrigo Galván de las Bastidas (1445-1527) Conquistador castellano, descubridor del litoral atlántico colombiano y el río Magdalena y fundador del puerto de Cartagena y de Santa Marta.

Fue un navegante andaluz, afincado en Triana, en Sevilla. Participó en el Segundo Viaje de Colón a las Indias en 1493 y en 1501 recorrió Panamá y gran parte del territorio colombiano.

El 5 de junio del año 1500, a Bastidas se le concedió licencia para descubrir islas o tierras no visitadas por Colón u otros navegantes, así como tierras no pertenecientes a Portugal, desde las costas del Cabo de la Vela en Coquibacoa.

En 1501 zarpó del puerto de Cádiz en dos naves: San Antón y Santa María de Gracia, más un bergantín y un chinchorro. En este viaje lo acompañaban Juan De La Cosa y Vasco Núñez de Balboa.

Descubrió las costas de Colombia y las bahías de Santa Marta, Cartagena y Cispatá, llegó a las costas panameñas (en la actual Comarca de Kuna Yala) después de haber recorrido el litoral venezolano y descubierto el río Magdalena y el Golfo de Urabá, continuó con su tarea exploradora y descubrió el istmo de Panamá, recorrió los puertos de Retrete y Nombre de Dios, entonces mandó hacer un puerto que bautizó en su honor como El Escribano. Sin embargo, al tener las naves en muy mal estado, debe regresar a la isla La Española (actual Santo Domingo), en donde estaba la principal base de operaciones de los viajeros españoles.

Al llegar a las costas de La Española, una de sus naves naufraga, pero logra salvar parte de su carga (que se trataba en mayor parte de oro). En esta isla es acusado de negociación ilegal con los indígenas. Después de ser procesado en 1502 por Francisco de Bobadilla (que también procesó a Colón) es declarado inocente de los cargos y una vez pagados los derechos a la Corona, los Reyes Católicos le otorgan el cobro de una renta anual sobre la producción de la provincia de Urabá y Zenú.

En 1525 de regreso a América, funda la ciudad de Santa Marta (actual capital del Departamento colombiano de Magdalena) entre el Cabo de la Vela y el río Magdalena, una de las primeras ciudades continentales de América que aún existe. Juan Villafuerte, su propio lugarteniente, dirigió una conspiración contra Bastidas que casi le cuesta la vida. Herido en el atentado, intenta volver a La Española. El 28 de julio de 1527, al anclar en Santiago de Cuba, fallece. Sus restos reposaron en Santo Domingo hasta que a mediados del siglo XX fueron trasladados a Santa Marta por petición del gobierno local y reposan actualmente en la Catedral de la ciudad.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Batalla de Nördlingen, 1634


El Cardenal Infante

La de Nördlingen fue una batalla decisiva de la guerra de los Treinta Años. Del 26 al 27 de agosto (del calendario Juliano) o el 5 al 6 de septiembre (del calendario Gregoriano) de 1634 se produce la victoria de las tropas imperiales de Matthias Gallas y del archiduque Fernando de Habsburgo (futuro emperador Fernando III de Habsburgo) y españolas del cardenal-infante Fernando de Austria sobre las suecas de Gustav Horn y Bernardo de Sajonia-Weimar, lo que supuso el final del dominio de Suecia en el sur de Alemania y la entrada de la Francia del Cardenal Richelieu en la guerra.
El bando protestante, ya minado por fuertes disensiones entre Horn y Sajonia-Weimar, esperaba ganar la batalla a las tropas imperiales, a las que había infravalorado, sin contar, además, con que se había producido la unión con el ejército del hermano del Rey de España, el cardenal-infante don Fernando de Austria, Arzobispo de Toledo. Las tropas españolas del fallecido Duque de Feria y ahora a cargo del Marqués de Leganés, venidas desde la plaza fuerte milanesa por el paso del Stelvio, trataban de atravesar Alemania camino de los Países Bajos Españoles, donde el Cardenal-Infante iba a suceder a la difunta Gobernadora Isabel Clara Eugenia.
Como de costumbre en la Guerra de los Treinta Años, ambos bandos presentan una composición multinacional: destacan en el bando católico los Tercios españoles de Idiáquez, Toralto y Fuenclara, y las tropas italianas al servicio de España de Gerardo de Gambacorta, y los imperales de Piccolomini. Por los protestantes son los regimientos suecos "Negros" y "Amarillos" los que sostuvieron el peso de la batalla. En conjunto se enfrentaron unos 21.000 hispano-imperiales contra alrededor de 18.000 germano-suecos.
Aunque la iniciativa la tomaron los protestantes Suecos, fue la feroz defensa que los tercios españoles realizaron en la colina de Allbuch, rechazando 15 cargas de los regimientos suecos, la que decidió la batalla, con el apoyo de las tropas de caballería italiana de Gambacorta.
Los imperiales por su parte, una vez desechos los regimientos suecos, adelantaron sus líneas contra los sajones, que, perdida la jornada, huyeron, abandonando en total desorden el campo de batalla.
El propio general sueco, Gustav Horn, fue capturado y los restos del ejército sueco se replegaron en dirección a Heilbronn.
Quedaba probado que la formación militar española por excelencia, el tercio, cuando estaba integrado en su mayoría por profesionales españoles y algunas compañías italianas, todavía era imbatible para las nuevas formaciones ideadas por Mauricio de Nassau y el fallecido rey de Suecia.

miércoles, 20 de octubre de 2010

José Carrillo de Albornoz




José Carrillo de Albornoz y Montiel, primer duque de Montemar, Grande de España y tercer conde de Montemar, (Sevilla, 8 de octubre de 1671 - Madrid, 26 de junio de 1747)

Hijo de Francisco Carrillo de Albornoz Esquivel y Guzmán (Sevilla 18 de junio de 1639), II conde de Montemar, coronel de guardias, director general de la caballería de España, general del Ejército de Orán, caballero de la Orden de Santiago, y de su primera mujer, Leonor de Montiel y Segura, hija de Federico de Montiel y de Isabel de Segura.

Fue comendador de Moratalla en la Orden de Santiago, y segundo coronel del Regimiento de Caballería de Montesa desde 1706 (21 de agosto), ascendido a brigadier al año siguiente (7 de septiembre); en ese mismo año de 1707 sucedió en el condado de Montemar y en 1710 participó con el cargo de mariscal en la batalla de Villaviciosa, que formó parte de la Guerra de Sucesión Española, peleando en el bando triunfador.

Ocupó en dos ocasiones la Capitanía General de Cataluña entre 1722 y 1725, siendo sustituído en el cargo por Guillermo de Melun, marqués de Risbourg (1725 – 1735), pero ocupándolo interinamente en 1726 por deseo del rey. En ese mismo año fue nombrado Capitán General de la Costa de Granada.

El 4 de abril de 1731 fue nombrado capitán general de los Reales Ejércitos, y también sirvió como coronel de las Reales Guardias de Infantería Española, así como director general de la Caballería de España desde 1732; también sirvió como general en jefe del Ejército que reconquistó de Orán: Sale de Alicante la Escuadra de D. Francisco Cornejo con un transporte de 600 velas y división de galeras conduciendo 26.000 hombres a cargo del general D. José Carrillo de Albornoz, Conde de Montemar, con 110 cañones y 60 morteros así como provisiones y pertrechos. Después de una diversión se desembarca en las proximidades de Orán con 500 lanchas cargadas de granaderos que fueron hostigados por 2.000 jinetes moros. Una vez desembarcados todos los hombres comenzaron a tomar posiciones, como la de Monte Santo, lo que atemorizó a los defesores de Orán, que la abandonaron, y así fue tomada por los Españoles con sus 5 fortines, 138 cañones y 7 morteros y abundante munición intactos. en el puerto (Mazalquivir) se tomaron una goleta y 5 bergantines corsarios. Una vez tomada, y asegurada la plaza se dejó con 8.000 infantes y un regimiento de caballería. La reacción de los moros no se hizo de esperar, y atacaron en Orán el castillo de San Andrés.

En el año 1732 fue nombrado caballero de la Orden del Toisón de Oro.

Participó en la Batalla de Bitonto (25 de mayo de 1734), donde arrebató a los austriacos las plazas de Nápoles y Sicilia en provecho de los Borbones, que habían pertenecido a la Corona de España hasta 1700. En agradecimiento a los servicios prestados en esta batalla, Felipe V de España elevó en 1735 el condado de Montemar a ducado, añadiéndole la Grandeza de España, por Real Cédula de 20 de mayo de dicho año. Posteriormente sirvió como Ministro de Guerra desde 1737 y 1741, falleciendo en Madrid el 26 de junio de 1747.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La bandera española en San Juan de Puerto Rico

Hace algunos años, en el canal de entrada de San Juan de Puerto Rico, frente a los castillos del Morro y San Cristóbal, me llamó la atención una enorme bandera española que alguien ondeaba en un edificio blanco próximo a la embocadura. «Son las monjas», dijo quien me acompañaba, que era mi amigo y editor en Puerto Rico Miguel Tapia. «Y eso es que está entrando un barco español.» No hablamos más en ese momento, pues estábamos ocupados en otras cosas; pero lo de la bandera y las monjas me picó la curiosidad. Así que después procuré enterarme bien del asunto, que resultó ser una bella historia de lealtades y nostalgias. Algo que realmente comenzó hace más de un siglo, el 16 de julio de 1898.

Aquel fue el año del desastre. Trece días antes, la escuadra del almirante Cervera, que había salido a combatir sin esperanza en el combate más estúpido y heroico de nuestra historia, había sido aniquilada en Santiago de Cuba por el abrumador poder naval norteamericano. Los buques de guerra yanquis bloqueaban la isla de Puerto Rico, impidiendo la llegada de refuerzos y suministros a las tropas cercadas. En esas circunstancias, el Antonio López, un moderno y rápido buque mercante que había salido de Cádiz con armas y pertrechos para la guarnición, recibió un telegrama con el texto: «Es Que Usted Haga Llegar Preciso El Cargamento Un Puerto Rico Aunque Sí Pierda El Barco». Veterano, disciplinado, profesional, con los aparejos en su sitio, el capitán del Antonio López, que se llamaba don Ginés Carreras, intentó burlar el bloqueo estadounidense. No lo consiguió. El 28 de junio, cuando navegando sin luces y pegado a la costa intentaba entrar en San Juan, fue localizado por el USS Yosemite, que lo cañoneó. El capitán Carreras logró escapar a medias, varando el barco en Ensenada Honda, cerca de la playa de Socorro, desde donde en los días siguientes intentó llevar a tierra cuanto podía salvarse del cargamento. Pero dos semanas más tarde, el USS New Orleans se acercó para dar el golpe de gracia, destrozándolo a cañonazos.

Fue entonces cuando se tejió la historia que les cuento. Bajo el bombardeo, un tripulante del Antonio López, que se había atado la bandera del barco a la cintura antes de echarse al agua para intentar ganar tierra a nado, llegó gravemente herido a la orilla. Nunca pudo averiguarse su nombre, pues murió en brazos de un puertorriqueño de los que acudieron a ayudar a los náufragos. «Que no la agarren», suplicó el marinero mientras moría, señalando la bandera. Y el puertorriqueño cumplió su palabra, quizá porque se llamaba Rocaforte y era de padres gallegos. Hombre supersticioso o religioso, y en cualquier caso hombre de bien, por no incumplir la demanda de un moribundo, la guardó en su casa durante años. Y al fin, un día, pensó en las monjas.

Eran españolas, de las Siervas de María, instaladas en la isla desde 1897. Atendían un hospital junto a la boca del puerto, y permanecieron allí después de la salida de España y la descarada apropiación de la isla por los Estados Unidos. Acabada la guerra, las hermanas, con la natural nostalgia, adoptaron la costumbre de saludar desde la galería del hospital, agitando sus pañuelos, cada vez que un barco de su lejana patria entraba o salía en el puerto. Eso dio a Rocaforte la idea de confiarles la bandera. Se presentó en el hospital, contó la historia a la madre superiora, y le entregó la enseña. Y desde entonces, cuando entraba o salía de San Juan un barco español, las monjas hacían ondear en la galería, en vez de pañuelos, la vieja bandera del barco perdido.

Todavía lo hacen, un siglo después. De las veintisiete monjas que atienden hoy el hospital de las Siervas de María, ya sólo cinco son compatriotas nuestras. Pero cada vez que un barco español pasa frente al hospital, navegando lentamente por la canal de boyas, su capitán cumple el viejo ritual de dar tres toques de sirena y hacer ondear la bandera en respuesta al saludo de las monjas, que desde la galería agitan la suya. De haberlo sabido, aquel anónimo marinero del Antonio López que hace ciento doce años se arrojó al mar, intentando ganar la playa bajo el fuego norteamericano con la enseña de su barco atada a la cintura, estaría satisfecho. Me pregunto si quienes salieron a la calle tras el último partido del Mundial de Fútbol, llenándolo todo de colores rojo y amarillo, serían conscientes de que se trataba de la misma memoria y la misma bandera. Y de que, al ondearla con júbilo en calles y balcones, rendían también homenaje a tanta ingenua y pobre gente que, manipulada, engañada, manejada por los de siempre -«Aunque Sí Pierda El Barco», ordenaron los que diseñan banderas pero nunca mueren defendiéndolas-, cumplió honradamente con lo que creía eran su deber y su vergüenza torera. Y esto incluye a las monjas de San Juan.
("El Semanal")

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El bombardeo de San Juan de Puerto Rico




El Bombardeo de San Juan o Ataque a San Juan fue un enfrentamiento entre las defensas de San Juan de Puerto Rico y una escuadra estadounidense ocurrido en 1898, durante el transcurso de la Guerra Hispano-Estadounidense en Puerto Rico.


La ciudad estaba defendida por una serie de fortificaciones de los siglos XVI, XVII y XVIII, medianamente reformados en la década de 1880 y reartillados en 1896. Eran: el Castillo de San Cristóbal, el del Morro, el de San Antonio, el de San Fernando, el de Santa Elena, el de San Agustín y el de Santa Teresa. Se disponía de un total de 54 piezas de artillería (de las que sólo se usaron 44 en el ataque) distribuidas en 19 baterías. Además se disponía de 20 cañones de campaña.
La guarnición, contando al Ejército, a los Regimientos de Voluntarios y otros cuerpos de reserva (como la Guardia Civil), ascendía a unos 18.000 hombres.

El 12 de mayo de 1898 se presentó ante San Juan (Puerto Rico) una escuadra estadounidense formada por dos acorazados, el Iowa (12.647 ton.) y el Indiana (10.288 ton.), un crucero acorazado, el New York (8.200 ton), dos monitores, el Terror (3.990 ton.) y el Amphitrite, dos cruceros, el Detroit y el Montgomery, y un remolcador, el Wonpatuk (que no llegó a participar), con una fuerza total de 164 cañones. La flota, comandada por el almirante William Thomas Sampson, tenía por objetivo interceptar la escuadra que Pascual Cervera traía desde la Península.
El Iowa efectuó el primer disparo y el Castillo de San Cristóbal fue el primero en responder.
Tras 2 horas y 19 minutos de intensos disparos, la flota estadounidense se retiró.
Los barcos estadounidenses dispararon un total de 1.360 proyectiles de los cuales el 80 % no estallaron por estar defectuosos o por estar mal preparados; el 20 % se quedaron cortos y cayeron en el mar, el 60 % fueron largos y cayeron lejos de las baterías, y sólo el 20 % dieron en las baterías o cerca de ellas. Por ello, aunque el objetivo principal era el Castillo del Morro, muchos disparos cayeron dentro de la ciudad, otros en la bahía, dañando a los barcos atracados (como el Alfonso XIII o el buque de guerra francés Admiral Rigaud, en visita de cortesía).
Las fortificaciones españolas realizaron 441 disparos, alcanzando al Iowa y al New York.