Hay que recordar lo que fuimos para saber lo que somos

Por desgracia la Historia de nuestro país poco importa a los políticos de turno. Si permitimos esto, terminaremos sin saber qué fue España y dejaremos que el devenir de los sucesos actuales borre nuestra memoria.

viernes, 14 de octubre de 2011

Alonso de Arellano


Alonso de Arellano fue un explorador español del siglo XVI, que navegó en la flota que trazó la primera ruta práctica para la navegación a las Filipinas. De acuerdo con algunas fuentes, Arellano fue el primer español en divisar el archipiélago de las islas Filipinas, tras separarse del resto de la flota en el patache San Lucas, pilotado por Lope Martín, poco después de salir del puerto de Navidad. Después de descubrir varias islas en enero de 1565, volvió sobre sus pasos y se dirigió a Acapulco; fue así el primero en recorrer lo que luego se llamaría la "ruta de Urdaneta", en honor a Andrés de Urdaneta, otro capitán de la misma flota que la recorrería poco después. La superioridad de las cartas y la documentación de Urdaneta le aseguró el crédito, pese a la prioridad histórica de Arellano.

Nada se sabe de su lugar y fecha de nacimiento, probablemente era riojano, sólo se empieza a saber de él, al ser nombrado capitán del patache San Lucas, en la expedición que al mando de don Miguel López de Legazpi, zarpa del puerto de Navidad el día veintiuno de noviembre del año de 1564, llevando como Piloto Mayor de ella a Fray Andrés Ochoa de Urdaneta, para la colonización del archipiélago de las islas Filipinas, que fueron bautizadas por don Miguel, como Virreinato de Nueva Castilla.

La expedición estaba formada por cuatro velas; San Pedro, de 500 toneladas; San Pablo, de 400; San Juan, un patache más grande de 80 y el San Lucas, que era más pequeño y de 40 toneladas, pero según el número mencionado por Urdaneta nos falta una, pero es que esta era la fragata que estaba trincada en la popa del San Pedro, como nave ligera y que aprovechando su vela latina y sus remos, podía servir de enlace entre los diferentes buques, así como el poder acercarse a tierra con mayor facilidad dado su menor calado; esta escuadra zarpo del puerto de La Navidad en la medianoche del día veintiuno de noviembre del año de 1564.

A los diez días de zarpar, ya en pleno océano, el pequeño patache San Lucas al mando de don Alonso de Arellano y pilotado por el mulato Lope Martín natural de Ayamonte, era el buque encargado de ir y venir para controlar a todos los componentes de que no se desviaran de la ruta de la capitana, por lo que Legazpi le había ya llamado la atención de que no se separase más de media legua de la formación, pero le contesto don Alonso, que ‹ de la forma en se le obligaba a navegar el buque encapillaba mucha agua ›, por ello se fue alejando, pero al ser la nave más veloz nada se puedo hacer, al anochecer ya se encontraba como a unas dos leguas de distancia y en la mañana siguiente ya había desaparecido de la vista.

Fueron muy listos y quisieron robar la gloria al verdadero descubridor de la « Vuelta de Poniente », ya que regresaron antes que Fray Andrés de Urdaneta y aprovecharon para escribir una carta al Rey, la cual se conserva, su título es: « Relación de su navegación desde el puerto de Navidad que salió con la armada que iba al descubrimiento de las islas de poniente, de la cual se separó en la noche del 1.º de diciembre de 1564, y sin haberla vuelto á ver regresó á dicho puerto, después de muchos trabajos, en 9 de agosto de 1565=B.M. » Legajo 2.º de papeles tocantes á las islas del maluco y Filipinas, años 1564 á 1608.

En ella se dice: « En la Relación muy singular y circunstanciada hecha por don Alfonso (aquí hay una diferencia de nombre con la relación de Urdaneta, no se a que es debida) de Arellano, capitán del patache San Lucas, véanse por ejemplo, las líneas preliminares a la descripción del regreso: . . . hablé al Piloto y le dixe; que ya veía en la parte que estavamos, que era fuera de todas las islas: el me dixo, que lo que a mi me paresciese y mas en servicio de S. M. fuese, se hiciese; yo le dixe, que mirase bien lo que deviamos hacer en esta navegación, y que procurase tomar derrota y camino que fuese en servicio de Dios y de S. M. y del salvamiento de todos; y ansi estando pensando lo que haría, tomando la carta en las manos tanteándolo muy bien, y visto los inconvenientes desta navegación me dixo, que lo mejor dello era dar buelta a la Nueva España, pues venia el verano y metidos en el altura por la parte del Norte nos quadrarian los tiempos y harian nuestra navegación, y que ansi era mejor que no ir en poder de Isleños o de Portugueses, como las demás Armadas han hecho que a esta tierra han venido; e yo entendiendo esto, le dixe, que mi parecer era aquel, que más queria morir en la mar en servicio de S. M., que no perecer entre esta gente, y que pues el intento de S. M. era descubrir esta buelta, y nosotros no podiamos topar el Armada, que mi determinación era acavar este viaje o morir. . . . . .»

Pero la mentira sale a flote cuando arriba al puerto de Acapulco el día ocho de octubre del año de 1565, la nao San Pedro con Fray Andrés Ochoa de Urdaneta, en la que sólo regresaban dieciocho hombre con posibilidades de hacer el esfuerzo, ya que el resto o habían sido arrojado a la mar por fallecimiento, o permanecían a bordo pero enfermos sin poder ayudar en la tareas de marinar.

Fray Andrés Ochoa de Urdaneta hace una relación del histórico viaje, pero como se podrá apreciar, más lacónicamente es imposible, aparte de con una sencillez que casi es imposible describir, por la grandeza de lo que había descubierto, dice así:

«De la vuelta de Cebú para Nueva España, lo que hay que decir es que partimos desde donde quedaron los nuestros en primero de junio de 1565, y en 18 de septiembre vimos la primera tierra en la costa de la Nueva España, que fue una isla que se dice San Salvador, que está en 34 grados menos un sesmo, y a primero de octubre llegamos enfrente del puerto de La Navidad; y no queriendo entrar en él, pasamos al puerto de Acapulco por ser muy mejor puerto que este otro y estar más cerca de México que no el puerto de La Navidad con más de 45 leguas.

Pasamos mucho trabajo a la vuelta, con tiempo contrarios y enfermedades. Murieron veintiséis hombres hasta surgir en el puerto, y después de llegados a él otros cuatro, y más un indio de la islas de los Ladrones, que envió el General con otros tres indios que envió de la isla de Cebú. Vino por capitán de la nao Felipe de Salcedo, nieto del General, el cual se hubo cuerdamente en su cargo. No trato de cómo se apartó de nuestra compañía a la ida don Alonso de Arellano con el navío San Lucas, porque él mismo ha dado relación de lo que le sucedió en aquel viaje »

Además en documentos se asegura tanto por Arellano como por su piloto Lope Martín, que habían llegado a la isla de Mindanao a fines de enero de 1565, insistiendo en que estuvieron un tiempo buscando a la Armada pero que no la hallaron, por lo que se vieron obligados a partir con rumbo a Nueva España, que el viaje de regreso lo comenzaron el día veintidós de abril y que el día nueve de agosto llegaron al puerto de La Navidad.

Pero además en el transcurso de esta aventura, ocurrieron cosas que se describen que empañan de ser cierta el espectacular brillo de su efectividad, pues en un momento dado y porque dos hombres habían desobedecido, los arrojo vivos a la mar. Pero al presentar los cargos Legázpi de toda esta maraña de mentiras, solo se consiguió que la Real Audiencia, culpara de todo ello a Lope Martín quién al parecer estuvo preso, mientras que Arellano y por sus influencias se fue retrasando el juicio (1), quedando en plena libertad, aunque Lope de Martín, consiguió pasar a la historia como una de las peores personas que han existido, pues en algún escrito se le tacha de ‹ monstruo del ser humano ›, por sus crímenes cometidos en una expedición posterior.

A pesar de que la orden del Rey era tenerlo preso y enviarlo con cadenas a las islas Filipinas, para que don Miguel hiciera lo que creyese conveniente con su subordinado y desertor, sus amistades fueron retrasando el viaje, quedando en media libertad en el virreinato de Nueva España, ya que ni podía regresar a la Península y menos aún volver como había ordenado el Rey al archipiélago filipino.

Sólo se le envió a las islas, al saber del fallecimiento de don Miguel López de Legázpi en el año de 1577, pero al arribar los que habían ido con don Miguel y conocedores de su traición no se lo hicieron pasar nada bien. Comprobado que allí no tenía nada que hacer regresó de nuevo a Nueva España en el año de 1579 totalmente desacreditado, así que se refugió entre la población y falleció un tiempo después.

No se sabe la fecha exacta ni en realidad donde, pero es patente que de Nueva España no salió.

(1) Al parecer la familia Arellano, se estableció muy pronto en Nueva España, eran oriundos de reino de Navarra, pero siglos antes se establecieron en la Rioja. De hecho de entre ellos hubo un Virrey de Nueva España, lo que podría ser la causa de la influencia de don Alonso. Más tarde la segunda esposa de Hernán Cortés el conquistador de este virreinato, fue doña Juana Ramírez de Arellano con la que contrajo matrimonio en el año de 1599, que era descendiente de los Arellano como indica su apellido.

(http://blog.todoavante.es/?p=1582)

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